El arte de defenderse con el balón. ¿Cómo explicar que la selección que está marcando una época solo haya encajado un gol en sus once últimos partidos oficiales o que haya conquistado las dos últimas Eurocopas recibiendo un total de 3 tantos? Y no es Italia. Nada más alejado del rancio catenaccio, incluso del práctico resultadismo alemán de toda la vida. La selección española ha conquistado un Mundial y dos Eurocopas ?y va camino de su tercera? con un estilo que nada tiene que ver con lo que reflejan la fría estadística, con los números que dicen que resuelve los problemas en su portería los problemas que tiene en el área contraria. Nada de eso; España ha hecho del toque un signo de distinción ya irrenunciable, gobierna los partidos con el balón y, cuando la maquinaría está afinada, recibe menos goles que ninguna otra. Y no se trata de apelar a la supuesta fortuna de Casillas, un guardameta cuyo mérito residía fundamentalmente en parar lo que para otros era imposible, aunque, eso sí, sin prodigarse en más de un milagro por partido. En 180 minutos de juego, De Gea no ha necesitado acudir a lo sobrenatural. Solo un par de rechaces de mérito. «Si jugamos en el campo contrario no nos crean peligro», decía Del Bosque haciendo bueno el axioma de Johan Cruyff: «Si tu tienes el balón el rival no te puede marcar». Por lo visto frente a Turquía, la propiedad también sirve para marcar. Será porque al fútbol se juega con el balón.