Carlos Cortés Rey: «Yo no nací arbitrando»

El mejor colegiado de la historia de Galicia cumple diez años en la ACB


redacción / la voz

Debutó el 20 de octubre del 2005 con un DKV-Manresa. Era el primer coruñés en pitar en ACB. Después, fue el primer internacional gallego. Carlos Cortés (A Coruña, 1974), ese chico de Katanga que practicó fútbol, voleibol y hockey sobre patines y que supo que sería árbitro de élite entrando al local social de la Fábrica de Armas con sus padres, como toda su vida. Él sigue haciendo historia a golpe de humildad. Para personificar un tópico, solo hay que conocerlo.

-Diez años no es nada.

-Pasaron volando. No soy consciente. Me parecieron tres. Pienso, «ya hice todo esto, dos finales de ACB y cinco Copas del Rey», pero no sé valorar si fui rápido o despacio. No tengo ni idea de los partidos que llevo. Lo leo en los informes. Me siento un privilegiado. Ser el elegido es tremendo. Es injusto.

-¿Injusto?

-Me refiero a que es injusto reducir mi carrera a esos diez años. Llevo 22 años arbitrando. Descubrí que es verdad lo que dicen. Es mucho más complicado mantenerse que llegar, porque implica mejorar cada año.

-¿Se siente siempre examinado?

-Por supuesto. Nos examinan. Pero no tengo presión por ello. Convivo con ello desde que empecé como árbitro. Porque la presión me la impongo yo mismo. Todo es baloncesto, el deporte es el mismo. Pero sea la categoría que sea, el nivel de exigencia te lo impones tú mismo. Hace años que me considero profesional, incluso cuando pitaba cadetes. Veo disfrutar igual a entrenadores de base que a los de élite.

-¿Como afronta el futuro?

-No me planteo nada, porque una lesión te puede cambiar la vida y quiero mantener la ilusión. Sé que a nivel internacional me quedan nueve temporadas y que el tope en ACB son los 55 años.

-¿Están mejor preparados los árbitros de ahora?

-Hay más opciones de formación. Y son necesarias. Antes, al árbitro se le daba un reglamento, un silbato y un chándal, y a pitar. El futuro árbitro necesita más cosas, su labor abarca más ámbitos, como psicología o preparación física. El básquet es básquet. Es una suerte que las reglas evolucionen en favor del juego y el espectáculo. Todo es más exigente. Queremos la regla perfecta para el baloncesto perfecto y eso tiene un efecto arrastre en el arbitraje.

-¿Hay que moverse bien en los despachos?

-Eso es irreal. Estuve ocho años en la federación gallega con cargo directivo seleccionando árbitros y evolucionaba en mis exigencias. El que esté bien preparado y aproveche la oportunidad tiene opción de ascender.

-También forma árbitros.

-Me encanta. Lo hago desde mi segunda temporada. Me exige prepararme más para que no vayan por el camino equivocado.

-¿Qué momentos guarda?

-Ninguno. No lo hago a propósito. Soy bastante frío. Pero sí guardo personas. Javier Uría, Xosé Carlos Rodríguez, Alberto Castro, José Noya, Juan Domínguez... y a mi novia Ana la conocí en el Comité de Árbitros.

-¿Hay futuro tras usted?

-Yo no nací arbitrando. Me formé. Intenté transmitir mis valores a alguien más y no fui capaz. Ser el primer gallego en algo es un orgullo, pero espero que vengan muchos más. Sería bueno para el baloncesto, vamos todos de la mano. No tengo interés en ser el tope. Espero que alguien me desplace.

«La gente no nos ve como deportistas de élite»

La temporada de su ascenso pitó 68 partidos en LEB, Liga Femenina, Liga Femenina 2, y EBA. «Hacía dobletes, tripletes. No era consciente del paso del tiempo, ni semana a semana, ni día a día», dice.

-¿De dónde saca el tiempo?

-De mi vida personal. Sacrifico mucho. El baloncesto es la mitad de mi vida. El día que deje de pitar, seguiré vinculado a este deporte. Me estoy formando y desde los 55 años espero vivir muchos más.

-Es entrenador del Maristas femenino infantil y cadete y ayuda en la preparación física del sénior de Primera Nacional. ¿Qué le aporta?

-Intento sacar provecho de todo lo que hago para plasmarlo en el arbitraje. Con el golf trabajo la concentración. Entrenar me amplía conocimiento de baloncesto. Aprendo mucho con Román.

-El público no les ve como deportistas de élite.

-No les llega esa idea. Nos ven necesarios para el deporte, pero no como deportistas. En el rugbi, por ejemplo, se destaca lo dialogante que es el árbitro, pero no su capacidad como deportista. Dedicamos muchas horas. En muchos ámbitos tanto o más que los jugadores.

Hace diez años la gente se sorprendía cuando decía que entrenábamos. Al menos eso está superado. Lo demás nos costará mucho.

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