Otro episodio de un duelo infinito

España y Francia reeditan en Lille su enorme rivalidad con el recuerdo del Mundial del 2014


Redacción / La Voz

Con el cadáver de Grecia aún de cuerpo presente y el sufrimiento todavía reflejado en sus caras, la voz de Pau Gasol se alzó por encima de las del resto de compañeros de selección. «Venimos a Francia para ganarles aquí», arengó el mejor jugador del Europeo, el propietario de dos anillos de la NBA, una vez campeón del mundo y dos del Europeo, dos platas olímpicas... Escuece la derrota de doce meses atrás, cuando la dureza francesa echó a España de su Mundial en octavos de final, tanto como para motivar a una estrella que a sus 35 años celebra los triunfos como un juvenil y cambia unas posibles vacaciones de lujo por arriesgar su físico con su selección.

Hoy, Gasol tiene la oportunidad de devolverle a Francia la afrenta de hace un año e impedir que su íntima enemiga revalide el título europeo, algo que solo España consiguió en los últimos años. En juego, el pase directo a los Juegos de Río y la novena final del baloncesto español en un Europeo. Un episodio más de un duelo histórico, de un choque repetido hasta la saciedad en los últimos años. Gasol y Parker, otra vez.

Una batalla en toda a regla, la cita de más altura del baloncesto europeo y el duelo que Tony Parker y compañía, aunque sea al abrigo de su afición, hubieran preferido esquivar. Uno y otro han intercambiado los papeles que tantas veces han exhibido en el siglo XXI: ahora es Francia la que tiene más que perder, la que defiende el título y debe de asumir la presión de jugar en casa.

Por palmarés, potencial y el hecho de jugar en su casa, los franceses están donde todos los pronósticos los situaban antes del inicio del Eurobasket. Han alcanzado la semifinal invictos, sufriendo más en la primera fase que en la segunda, y con un equipo que exhibe un poderío físico muy similar al del Mundial de España. Una rotación amplia bajo la batuta del incombustible Tony Parker. Batum, De Colo, Diaw, Gobert, Lauvergne, Gelabale, Pietrus... nada nuevo. Mucho físico, reparto de minutos y una tortura para el rival cuando se emplean a fondo en defensa y, todo hay que decirlo, el rigor arbitral se relaja. Es, de lejos, el equipo que menos puntos ha recibido en el Europeo (65,4).

Sea porque Vincent Collet ha conseguido el equilibrio perfecto o porque la competición se lo ha permitido, los franceses han repartido el tiempo en cancha (nueve por encima de los cien minutos) y el rendimiento (Parker es el máximo anotador con un promedio de 12,1).

Si Francia apenas ha sufrido a lo largo de su torneo, España ha seguido el camino inverso. Sufrió para clasificarse hasta el último segundo del último partido de la primera fase y casi agota su capacidad agonística contra Grecia. Irregular, con ausencias y problemas físicos, pero con el orgullo intacto, el equipo español exhibe un mayor potencial ofensivo, es capaz de atornillar a su rival en determinados momentos -Grecia lo sufrió en los ocho primeros minutos del último cuarto- y cuenta con el mejor jugador del Europeo.

¿Suficiente para poner en apuros al gran favorito? Con Rudy tocado -su presencia en un choque que se presume físico sería muy importante-, Scariolo necesita de nuevo de Claver y que Llull, el Chacho y Ribas ayuden en la anotación a Gasol y Mirotic. Una misión complicada, incluso para un grupo que, como el español, ha dejado innumerables muestras de que todo es posible. En su caso, dudar está prohibido.

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