El serbio exprime su resto y su ritmo para ganar en Nueva York ante el renacido Federer
15 sep 2015 . Actualizado a las 05:00 h.El ritmo, la versatilidad, la garra y el físico de Novak Djokovic pudieron más que la armonía de Roger Federer y el calor del público de Nueva York, volcado con el suizo como se invocan las hazañas improbables. Después de tres horas y 20 minutos, ganó el serbio por 6-4, 5-7, 6-4 y 6-4. Suma su segundo US Open y su décimo major tras un particular pleno de finales del Grand Slam con una única derrota en París ante Stan Wawrinka.
¿Qué armas sirvieron al serbio para contener la excelente forma del suizo?
El resto, por encima de todas. Nadie como el serbio devuelve hoy en día los zambombazos de servicio. Se vio desde el inicio. En el primer juego Djokovic tuvo ya tres bolas de break. El suizo perdió dos de sus tres primeros juegos de servicio en la final de Flushing Meadows. El resto cambia todo. Esas devoluciones de Nole, rápido de ojos para interpretar y de mano para ejecutar, desactivaban la iniciativa del suizo con su servicio, transformaban su habitual tiranía en vulnerabilidad. Ese respeto que imprimió desde el principio Djokovic fue encogiendo el perfil de su rival, que solo metió el 64% de sus primeros servicios. De entre estos, apenas ganó el 71% de los tantos, muy por debajo de sus registros habituales en el US Open.
¿Quién corrió más en la final?
Federer. Los datos de la final rompen algunos tópicos. Federer alcanzó el último partido tras un menor desgaste en horas en pista y kilómetros recorridos que su rival (7:35 y 21,8 kilómetros en los seis primeros encuentros, por los 10:08 y 36,5 del serbio). Pero el encuentro por el título resultó diferente. Por eso en el frenético intercambio de golpes en la noche neoyorkina el suizo fue desgastándose lentamente.
¿Tocó techo el campeón?
Aún no. En el 2011 emergió la figura dominante del Djokovic ganador, el que no se arruga en las finales, el que ofrece su mejor versión bajo presión. Por eso le ganó a Federer las tres últimas batallas por grand slams, en las que también le beneficia la duración de los partidos al mejor de cinco sets, un hándicap para el suizo, ya con 34 años.
¿Qué puede ganar en el futuro el número uno mundial?
Todo. Nadie está hoy tan capacitado como Djokovic para completar el Grand Slam original. Este año alcanzó las cuatro finales: Melbourne, París, Londres y Nueva York, y solo le apartó de la perfección la derrota ante Wawrinka en Roland Garros. Rinde sobre todas las superficies, apenas se lesiona y (ahora) aúna tenis, físico y cabeza.
¿Le influye su vida personal?
Mucho. Djokovic podría representar, por ejemplo, el reverso de la moneda del golfista Tiger Woods, en picado desde que estallaron sus problemas familiares y se separó de Elin Nordegren en el 2009. El serbio encontró estabilidad con Jelena Ristic, con la que se casó en julio del 2014, y tiene un hijo, Stefan, de 11 meses. «Ahora soy padre, soy marido y estoy experimentando diferentes cosas en mi vida, tengo una relación completamente distinta con el tenis», indicó tras la final.
¿Qué le faltó a Federer?
Detalles en momentos clave. El retraso del partido por la lluvia y las condiciones meteorológicas perjudicaron al suizo. La pelota se volvió algo más pesada y el juego más lento. Y desperdició, sobre todo, bolas de break. Convirtió 4 de 23. Y más llamativo todavía es el dato de las que desperdició sobre segundos servicios de Djokovic, los más vulnerables, pues solo convirtió una de las once de las que dispuso.
¿Ayudó el resto adelantado?
No parece que mucho. Al suizo corresponde ya la paternidad del resto a bote pronto, casi en el cuadro de saque. SABR (Ataque furtivo por Federer, sus siglas en inglés) se llama el recurso. Una audacia que no se mide solo en datos, pues transmite también inseguridad al rival, le descoloca, le hace dudar. Pero el suizo (que solo se adelanta en momentos puntuales) ganó un 46% de los puntos sobre segundos servicios, y el serbio hasta un 54 %.
¿Volverá a ganar «majors» el deportista de Baseilea?
Si mantiene la motivación, puede hacerlo. Solo cedió ante un Djokovic en estado de gracia y por un margen muy estrecho. Pero el reloj vital corre en su contra.