«Con el dopaje se juegan la vida»

Cuatro médicos describen los efectos de las principales sustancias usadas para aumentar el rendimiento


Redacción / La Voz

La revelación de que la IAAF (Federación Internacional de Atletismo) podría haber ocultado resultados anómalos -susceptibles de protagonizar un positivo- en analíticas de sangre de 5.000 atletas de nivel internacional ha recuperado para la primera línea de actualidad la problemática del dopaje. En muchas ocasiones, los deportistas -algunos incluso amateur- ni siquiera son conscientes de los riesgos que asumen cuando recurren a las sustancias prohibidas. Cuatro médicos describen para La Voz los devastadores efectos secundarios que tienen los principales productos utilizados para aumentar el rendimiento y algunas vías para combatir esta lacra.

La Epo

Espesa la sangre y puede provocar accidentes vasculares. «La eritropoyetina aumenta el número de glóbulos rojos en sangre, la hace más viscosa, y eso, sobre todo en condiciones de deshidratación y calor, puede desembocar en un tromboembolismo -obstrucción de una arteria-, ya sea pulmonar o cerebral», comenta Pedro Manonelles, presidente de la Federación Española de Medicina del Deporte (Femede), quien agrega: «Los casos más graves acaban en muerte».

«A largo plazo, el uso de la epo suele terminar en un cuadro de hipertensión. A esta enfermedad la llamamos el asesino silenciosos, porque solo se manifiesta de verdad cuando hay un accidente vascular grave», añade Fernando Huelin. «Dicen que ahora con las microdosis este tipo de riesgos está más controlado, pero nadie tiene garantías, porque, entre otras cosas, no se han hecho estudios serios en este sentido», incide. Sobre este mismo argumento, Miguel Santiago recalca: «Todo lo que tiene que ver con el dopaje transcurre en un plano oscuro y ello da pie a que la gente experimente. Cuando nosotros recetamos un medicamento a una persona normal, llevamos su registro y también comprobamos su efectividad y sus posibles contraindicaciones. Aquí -continúa- no hay archivado. De hecho, por no existir, no existe una medicina laboral del deporte».

«Me gustaría creer que lo que se está publicando sobre la IAAF no es cierto. Pondría en duda todo el sistema antidopaje que considero que en líneas generales está funcionando, aunque evidentemente no tengo todos los datos para opinar», recalca César Cobián, quien añade: «De todos modos, puedo llegar a entender que alguien arriesgue su vida por dinero, pero en una popular, como dicen que sucede, no tiene sentido. Es de locos... se juegan la vida».

Hormona de crecimiento

Fragilidad ósea y cáncer. Sobre la hormona de crecimiento «no hay demasiada literatura». «Sin embargo, en algunos casos, sí que se ha constatado que influye en los procesos de asimilación de calcio y eso provoca una fragilidad ósea», dice Manonelles. «Cuando practicas deporte en dosis elevadas se producen roturas musculares, esta hormona se encarga de reparar los tejidos. El cuerpo la segrega de forma natural cuando dormimos. Por eso, los profesionales, además de dormir, nunca perdonan la siesta», subraya Huelin. «Pero en supradosis estimula las células de crecimiento rápido, entre ellas, las cancerígenas que de otro modo quizás no se habrían desarrollado», detalla Miguel Santiago. «La palabra para hablar de la hormona de crecimiento es el cáncer», sentencia Huelin.

Transfusiones

Una conservación delicada. «Las transfusiones de sangre presentan los mismos problemas que la epo, pero además hay que añadirle que la sangre tiene una conservación delicada y que puede haber incompatibilidades de los grupos», comenta Pedro Manonelles. «Se puede congelar, pero es complicado, son procesos delicados», reitera Huelin. «Este es un proceso que lleva mucho tiempo haciéndose con personas enfermas y está muy regulado, pero en deportistas o personas sanas tampoco se han descrito bien los efectos que puede tener. Lo que buscan los tramposos es incrementar su resistencia a través de una mejor oxigenación de la sangre. Cuando machacas al organismo, con el entrenamiento, los niveles de hematocrito y hemoglobina descienden. La transfusión devolvería los niveles elevados con los entrenamientos ya hechos, por eso las realizaban antes de las grandes competiciones», señala el doctor Huelin.

Anabolizantes

Absolutamente terroríficos. Los efectos secundarios más dramáticos se dan en las mujeres. «Deberíamos preguntarnos por qué una sociedad se ha permitido transformar mujeres en hombres», reflexiona Santiago. «Para que tengan eficacia como dopaje hay que tomarlos en cantidades tóxicas, con lo que su consumo puede devenir en graves disfunciones hepáticas y tumores», describe Manonelles. «Lo peor es que los consumidores terminan enganchados al uso de estas sustancias, los daños psicológicos son tremendos», dice Huelin.

Un problema complejo con una solución que implica control y educación

«Hablar de dopaje es hablar de algo tremendamente complejo. No es lo mismo, ni tampoco sus consecuencias, alguien que usa un estimulante que un deportista que recurre a la hormona de crecimiento. Al final acabamos englobando todo en el mismo saco y pienso que hay muchos matices que se deben tener en cuenta», razona César Cobián. «Pero, de lo que no cabe duda, es de que con Internet esto está fuera de control, los medicamentos se dispensan con total impunidad», comenta Miguel Santiago, quien aboga por una mayor presión policial sobre las redes que se dedican al tráfico de estos productos, pero también en abordarlo como un problema social: «Muchas veces es difícil hacerle entender a alguien que por mucho que se meta no va a alcanzar las marcas de otro... en la vida las cosas se consiguen con sacrificio y también con una genética privilegiada y talento... ¡y luego están las fronteras del alto rendimiento!... ¿son lícitas las cargas de entrenamiento que asumen algunos niños? La legislación laboral no las permitiría... es un debate amplio... de fondo».

El precio de las medallas

«La historia del deporte está plagada de casos en los que se consiguen medallas, aparecen héroes y nadie se pregunta ni quiere preguntarse cómo llegaron», dice Fernando Huelin. «Pero -incide- estoy convencido de que la gente que participa en las prueba populares lo hacen para divertirse. Harán estupideces, como tomarse cuatro pastillas de cafeína, que no les sirve para nada, pero estoy seguro de que no se dopan. Doparse es caro, muy caro, y no está al alcance de cualquiera. Todo el mundo necesita tomar algo. Algunos entran en tu consulta y ya sabes que quieren salir de allí con una receta. El efecto placebo existe».

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