LeBron James se adueña de la final

Promedia 41 puntos en tres partidos, algo que nadie había conseguido


Redaccion / La Voz

Una fuerza de la naturaleza arrasa la NBA. Es necesario remontarse muchos años atrás para encontrarse con una final en la que los equipos se remitan con tanta insistencia al papel de sus respectivas estrellas. Stephen Curry, el asesino silencioso, un lanzador prodigioso, dueño de un par de manos tan delicadas que no es fácil imaginar cómo sobreviven en el rudo mundillo del baloncesto americano. Curry conquistó con merecimiento el mvp de la fase regular tras conducir a los Golden State Warriors al mejor balance de la Liga (67 triunfos y solo 15 derrotas) y a su primera final en cuarenta años. Pero se ha dado de bruces con un muro, LeBron James, el huracán que busca su tercer anillo, el primero para su Cleveland natal; un todoterreno al que su equipo apenas puede conceder descanso (ha disputado 47,4 minutos por partido) y acapara una estadísticas mayúsculas: 41 puntos, 12 rebotes, 8,3 asistencias y 1 tapón de promedio.

LeBron James está siendo el factor decisivo de una final en la que Cleveland lleva ventaja (2-1) después de que ayer, en su primer encuentro como local, se impusiera por 96 a 91, en el primer duelo que no ha necesitado de una prórroga. A James, que nunca ha gozado de la simpatía popular y tampoco será capaz de saciar su deseo de convertirse algún día en Michael Jordan, sí hay que reconocerle su empeño en hacerse con un lugar destacado en la historia de la NBA. A sus 30 años (Akron, 30 de diciembre de 1984), ha conquistado dos anillos (ambos con Miami Heat), está protagonizando su quinta final consecutiva, además de haber sido cuatro veces el mejor jugador de la fase regular y dos de unas finales.

Hacia su tercer anillo

Si Stephen Curry no le pone remedio, LeBron camina hacia su tercer título, y lo hará por la vía del esfuerzo, de someter a su privilegiado físico a una exigencia máxima. Como consecuencia de las importantes ausencias -la última, la de Kyrie Irving, lesionado en el primer partido de la final-, acapara más de 40 % de los lanzamientos de su equipo, 35 tiros de promedio, muy superior a los 24,8 de la fase regular. «Mis compañeros me necesitan», admitió tras el triunfo de ayer en el que anotó 40 puntos para establecer un récord en las fiinales: 123 puntos en tres partidos. Por sus manos pasó el balón que podría haber evitado la prórroga en los dos duelos disputados en Oakland: en el primero, erró un triple; en el segundo, su bandeja acarició el aro. «Mi labor es salir al campo, establecer el liderazgo, enseñarles, gritar cuando no lo hacen bien, pero luego dirigirme a ellos y decirles que todo esta bien, que hay que seguir», señaló ayer respecto al coro de meritorios que le rodean en su intento de conquistar el título. Y entre ellos, el base australiano Matthew Dellavedova, que ayer aportó 20 puntos y amargó la existencia a Curry en el último cuarto del segundo partido.

A la espera de que Curry vuelva a ser el de la fase regular (ayer, anotó 27 puntos, con triples en el último cuarto), LeBron James gobierna con mano de hierro una final cuyo mayor atractivo residía en el cara entre dos estrellas tan opuestas. La delicadeza y la fuerza.

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