Un controlador para corregir el rumbo

Benítez se emociona y se exige títulos y buen juego en su presentación como entrenador del Madrid


redacción / la voz

Hay una vieja foto de familia en la que Jamie Carragher aparece sonriente en el patio trasero de la casa de su infancia. Tres críos y un señor canoso y bigotón, todos enfundados en un jersey del color azul que identifica a jugadores y seguidores del Everton, el otro equipo de Liverpool. El central se convertiría más tarde en ejemplo de hombre de un solo club, siempre al servicio de los de Anfield. Llegó a la escuela red a los diez años, y defendió al emblemático conjunto durante las 17 temporadas que duró su carrera profesional. Sin embargo, nunca quiso echar tierra sobre aquel amor de niñez y adolescencia hacia el eterno rival. De él presume en una biografía en la que dedica además varias páginas a su momento de mayor gloria deportiva. Ocurrió hace diez años y tuvo como protagonista al hombre que ayer se convirtió en el décimo entrenador del Real Madrid en las doce campañas bajo la presidencia de Florentino Pérez.

El grupo que dirigía Rafa Benítez llegó 3-0 por debajo al descanso. Carragher entró al vestuario pensando en que estaba cerca de recibir la mayor derrota sufrida en una final de Champions y abandonó la caseta a punto de protagonizar una remontada sin precedentes. Jamie sostiene en su libro que la historia cambió por obra del míster, pero no hace mención a ningún discurso de aliento, sino a una serie de instrucciones tácticas y a un cambio de sistema que acabó ahogando al Milan y dando el título al Liverpool en los penaltis -aunque reconoce que el primer dibujo propuesto por el técnico supondría haber saltado al campo con un hombre de más-.

Firma por tres temporadas

Al reconocimiento del central se suma el de otra institución red como Steven Gerrard, que mencionó varias veces la capacidad del entrenador madrileño para colocar al grupo por encima del individuo. A cambio, le reprochó su distanciamiento con el jugador, su resistencia al reconocimiento del desempeño de sus pupilos. Lo que en ocasiones ya le llevó a fracasar en equipos de egos disparados como el Inter que venía de ser campeón continental y que abandonó Mourinho para dirigir precisamente al Real Madrid. Allí chocó con Materazzi. El italiano dejó ayer un recado a los seguidores blancos, a los que deseó «buena suerte» de cara a las tres campañas que, en principio, pasará Benítez en el banquillo del Bernabéu (a unos siete millones de euros por curso). Cuando el controvertido central, fan declarado de Mou, coincidió con Rafa en Milan lo definió como «un policía al volante de un Fórmula 1», aludiendo a la rigidez del míster y a su ausencia de conexión con el plantel.

Lo de la falta de humanidad quizá comience a corregirse ahora que el míster regresa al hogar, recién cumplidos los 55. Al menos, tuvo el detalle de emocionarse durante la presentación en el club en cuyo filial militó como centrocampista y en cuya cantera se estrenó como entrenador. «Es un día emocionante volver aquí, a mi casa. Espero que las cosas vayan bien, que ganemos títulos, que el equipo juegue bien y agradecer con mi trabajo la confianza que han depositado en mí», manifestó, bordeando la lágrima, tras posar con la blanca.

«Es la sensación de que se cierra un círculo. Es un reto», prosiguió advertido ya por Florentino Pérez de lo que de él se espera: «La exigencia en el Madrid siempre es máxima y nuestro nuevo entrenador nos hará más fuertes. Rafa respira fútbol, profesionalidad y madridismo. Llega al club más grande y con una insaciable necesidad de victorias. Empieza una etapa ilusionante».

Lo es para Benítez, que dispondrá de mimbres para aspirar a un torneo liguero que no gana desde el 2003 (Valencia), y a una Champions que no cata desde aquel 25 de mayo del 2005, cuando levantó a un equipo hundido ofreciendo una lección en la pizarra.

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