Frágil memoria


Ancelotti, con tres Ligas de Campeones a sus espaldas, es un blando que no sabe dosificar a su plantilla; Casillas, un acaparador de títulos y récords, debería de haber cogido la puerta de atrás hace un par de años; Gareth Bale es velocista y una escopeta de feria que ha provocado el sonrojo de aquellos que quisieron ver en él un remedo de Cristiano Ronaldo; Khedira es un futbolista de segunda fila... Isco no era para tanto y Kroos está fundido. ¿Y Cristiano? Bueno, Cristiano es un caso aparte: ganó otro Balón de Oro, el tercero, su gran objetivo anual, firmó una primera mitad de temporada extraordinaria y se enfadó con el mundo cuando las redes aparecieron inundadas de imágenes de una celebración de cumpleaños que parecía el último. Y eso que, por fortuna, nadie rompió la tarima.

El fútbol admite pocos matices, y el Real Madrid de Florentino Pérez, ninguno. O blanco o negro. En el minuto 92 de la final de la Champions del 2014, Ancelotti era el pasado en la casa blanca; media hora después, lucía como el técnico de la décima, el entrenador de la concordia en un vestuario alterado por el ciclón Mourinho. La Supercopa europea, el Mundialito, las 22 victorias seguidas, la clasificación para cuartos de la Champions o la segunda plaza en la Liga son piezas menores cuando el líder es el Barcelona y el vecino te ha pasado por encima. No hay excusas. Ni siquiera el desequilibrio que han provocado la venta a última hora de Xabi Alonso, las lesiones de Modric, James y Sergio Ramos o la inestable rodilla izquierda de Cristiano. Pero el dedo que se mueve a golpe de encuesta apunta al hombre tranquilo.

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