Las selectas patadas del otro Simeone

Giovanni, hijo del entrenador del Atlético de Madrid, pichichi y campeón del Sudamericano sub-20


redacción / la voz

El otro Simeone prefiere darle las patadas al balón, y no al rival. Y con bastante acierto, por lo que se ve. Responde al nombre de Giovanni Pablo (Madrid, 1995) y es el hijo del actual entrenador del Atlético de Madrid (y de Carolina Baldini, esposa de la que se separó el técnico y a la que volvió a unirse para afianzarse como los Beckham argentinos).

Pero Gio camina solo y viene que proclamarse máximo goleador del campeonato sudamericano sub-20 con nueve goles en cinco partidos. Argentina fue campeón (logró su quinto título, el último había sido en el 2003) y logró el billete para los Juegos Olímpicos que se celebrarán en Rio de Janeiro el próximo año. Semana redonda para la familia Simeone. Y lo que se viene. El Mundial sub-20 arranca el 30 de mayo en Nueva Zelanda.

Argentina ganó sin mucho ruido. El suficiente como para encumbrar a un protagonista que ya generaba debate en Buenos Aires. River Plate crio desde los trece años al pichichi del hexagonal final sudamericano sub-20 en sus inferiores cuando papá Cholo se dedicaba a hacer campeón al primer equipo millonario en el año 2008. A los que le dicen el Cholito, les contesta que sus maneras son diferentes a las de su padre: «Yo juego más al fútbol, él daba más patadas».

Tardó solo tres temporadas el prometedor niño en firmar el primer gran contrato de su carrera. Quince millones de euros de cláusula de rescisión. Expira este año. Aunque se ofreció a ponerse a las órdenes de su padre, fue otro equipo de Madrid el que se fijó en él: el Rayo. Desistió, como antes lo había hecho el Universitario de Perú. Además, podría ser seleccionado por Vicente del Bosque para actuar con España.

Durante los últimos tiempos, e impulsado en sus inicios con los mayores por Ramón El Pelado Díaz, Giovanni Simeone ha ido ganando presencia en el once titular, no sin controversia. Le costó adaptarse, a pesar de los esfuerzos por integrarse (sufrió como todos los novatos un corte de pelo estilo samurai con el que tuvo que entrenarse a la vista de todos). Dieron sus frutos.

 

Los custodios del paladar negro arrojan dudas sobre el talento del joven delantero, y atribuyen su acierto goleador a las rachas. Es un definidor bajo palos y carente de oportunidad. Rara vez sus goles sirven para desatascar un partido. Y debe mejorar su juego de espaldas. Encima, es seguidor de Racing de Avellaneda, le achacan.

Todo lo contrario sostienen sus partidarios. El mayor de los hijos del Cholo (los otros dos, Gianluca, de 16 años, y Giuliano, de 12, también visten la banda roja) es el más entregado al fútbol. Tanto, que necesitó la ayuda de un psicólogo para que no se convirtiese en obsesión. «Cuando fallaba un gol, solo pensaba en eso. Lo demás se me nublaba. Me hacía daño. Pero gracias a mi psicólogo Agustín, sé que si Messi falla, cualquiera puede fallar», explicó.

La Liga de Campeones

Aunque toma de su padre el sacrificio sobre el césped (de hecho, comenzó de mediocentro), Radamel Falcao (River, 2004-2009) es su espejo predilecto. De él copia los movimientos y la definición, que intenta con ambas piernas y la cabeza.

Lleva su sueño (la Liga de Campeones) tatuado en su brazo mientras repite su mantra: «Lo más importante para un futbolista es la cabeza, que es la que manda a los pies. Todo es trabajo de cabeza».

 

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