Los botes que da la vida

Pablo Gómez Cundíns
pablo gómez REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

La gallega, en la Praça do Comércio, con los típicos dulces lisboetas.
La gallega, en la Praça do Comércio, con los típicos dulces lisboetas.

Andrea Pérez Alonso trasladó su baloncesto desde el Maristas coruñés al Sporting Clube de Portugal

08 oct 2014 . Actualizado a las 10:30 h.

Andrea Pérez (O Porriño, 1993) lleva toda la vida dando botes. El último le ha llevado a un club histórico del baloncesto portugués, el Sporting Clube de Portugal de Lisboa. El reto para esta ala-pívot, entrenadora de iniciación y estudiante de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte en su año de Erasmus: devolver al equipo a la Primera División.

El Maristas coruñés fue la penúltima escala tras una década en O Porriño. Un mes ha sido suficiente para que la capital lusa calase hondo en el corazón de Andrea. «Lisboa me aportará mayor conocimiento académico, y siempre he pensado que es bueno conocer diferentes formas de ver el baloncesto, también como entrenadora. Además, aprovecharé para conocer la cultura portuguesa, desde los Fados a la arquitectura», avanza. De hecho, ya se plantea volver en un futuro tras terminar su carrera en A Coruña.

La integración ha sido miel sobre hojuelas, más allá de las praxes (novatadas), con ropa uniforme y con los calorios (novatos) a las órdenes de los veteranos. El idioma, aunque cercano, no ha estado exento de anécdotas: «No es complicado, aunque aquí hablan más rápido y cerrado. Pero resulta que vivo con cuatro alemanes, así que un propósito nuevo será aprender inglés». Elogia el hecho de que los productos audiovisuales sean en versión original. «Mi equipo me dijo que en Portugal miraban los dibujos en castellano como Doraemon y se me pusieron a cantar la canción», relata.

Tampoco la alimentación ha sido un trauma («los horarios y la comida son similares a los españoles aunque siempre ponen caldo con todo? no sé cómo pueden tomar eso tan caliente en verano»), más bien al contrario. «Los pasteis de Belém, las quesadas y los travesseiros de Sintra están tan ricos que como no me ponga un límite en vez de jugar al baloncesto voy a llegar a ser la pelota con la que se juega», bromea.

Además de la ingente cantidad de palomas que pueblan Lisboa, Andrea Pérez resalta el cambio de costumbres que implicó su nuevo horario. «Tengo que estar a las ocho de la mañana en clase casi todos los días. No es que me cueste pero llego de entrenar a las doce de la noche, me duermo a la una como muy temprano y duermo seis horas como mucho», explica.

Por último, invita seguir su ejemplo: «Aconsejaría a todo el mundo que tuviera la opción en irse a otro país que no tenga miedo y lo haga».