La dictadura de la báscula

Paulo Alonso Lois
PAULO ALONSO LOIS REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

La karateca Ruth Lorenzo, con la báscula, en el gimnasio del Club San Francisco de Teo.
La karateca Ruth Lorenzo, con la báscula, en el gimnasio del Club San Francisco de Teo. Xoán a. soler< / span>

Ganar o perder peso por obligación o estrategia resulta clave en deportes como vela, kárate, lucha y boxeo, una batalla que requiere disciplina

03 ago 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

El éxito se puede decidir en un instante, pero el camino hacia el triunfo requiere en muchos casos una lucha diaria contra la báscula. Por obligación o estrategia, el peso exacto exige una disciplina constante a deportistas de muy diferentes disciplinas. Cuatro de ellos explican a continuación su experiencia.

SOFÍA TORO

La tranquilidad de no ajustar demasiado

Antes de colgarse el oro en Weymouth, el match race español ganó peso. «Para empezar, el barco era muy duro y requería mucha fuerza. Llegué a los 64 kilos, cinco más que ahora», explica Sofía Toro. «Nuestro problema radicaba en que, al pasar tantas horas en el mar, no hacíamos bien las comidas, y al regresar, por el cansancio, tampoco. Tomábamos proteínas, hidratos y comida sana». En la báscula, entre el barco, ella, Ángela Pumariega y Sofía Toro no debían pasar de 304 o no podrían salir al mar. Pero nunca se acercaron. «No llegamos al peso ideal, pero eso nos quitó la preocupación por estar cerca del límite. En los Juegos podíamos pasar el pesaje diario cuando quisiéramos sin problema. Otras tripulaciones tenían que ir sin desayunar porque ajustaban más al límite», explica. Tras el oro, emprendió el camino contrario, ceder kilos. «Volví a hacerlo sin obsesionarme, tomando menos hidratos y más fruta y realizando más ejercicios aeróbicos en lugar de musculación».

MARTA BRAÑAS

Cinco ingestas y dos mediciones por jornada

En condiciones normales de entrenamientos, Marta Brañas ronda los 54 kilos. Pero cuando el boxeo entró en el programa olímpico solo se fijaron tres categorías. Tenía cerca la de 51. Así que decidió intentarlo en el 2011. A ese umbral baja cuando se acerca un combate. «Dos semanas antes empiezo a entrenar más abrigada y a limitar las cantidades de comida. Elimino los frutos secos, que me encantan, bajo la pasta y el arroz y reduzco las cenas y los líquidos», explica la púgil gallega. Sus cinco comidas no se negocian, pero las hace de otra manera. Cuando se acerca la competición, se sube a la báscula dos veces al día. Para ella, ese paseo es como una religión. Como ya va muy fina, en un entrenamiento pierde entre 300 y 500 gramos.

RUTH LORENZO

A medias entre dos categorías, decidió bajar con una dieta que incluía limitaciones

Ruth Lorenzo, que estuvo preseleccionada para el Europeo de kárate, también sigue el ritmo que marca la báscula. Pesaba 59 kilos y competía en 61, pero sus rivales eran casi 10 centímetros más altas, con mayor envergadura, y estaba en inferioridad de condiciones. Decidió bajar una categoría, a 55, en el 2012. «El primer año, por libre, no fui capaz. En el 2013 lo conseguí con una dieta muy estricta toda la semana: hidratos solo en el desayuno, altas cantidades de proteínas y verduras, que antes no me gustaban tanto... Lo bueno es que podía tomar la cantidad que quisiera para evitar la sensación de hambre», explica sobre el proceso del 2013. Lo siguió con tal disciplina que cayó a 52,8 kilos, porque los días previos a la menstruación subía dos. «El cuerpo lo nota muchísimo. Se me marcaron todos los músculos, no tenía ni un gramo de grasa y era mucho más rápida», explica la deportista santiaguesa. En este 2014, guiada por una doctora, no perdió tanto. La disciplina abarca, de esta manera, tres pilares, el entrenamiento, el descanso y la alimentación. Todavía con 22 años, la deportista del San Francisco de Teo pronto deberá afinar para la Copa del Mundo de A Coruña en septiembre.