Redacción / La Voz

Comenzó su segundo recorrido al campo de Holylake de la peor forma posible. Firmó un bogey en el primer hoyo que hacía presagiar otro viernes alocado -Freak Friday, en el argot del golf- para un jugador que a sus 25 años acostumbra a combinar tarjetas sensacionales con otras destempladas en las que incomprensiblemente pierde por completo el pulso de los palos. Pero Rory MacIlroy ayer no aflojó en el Open Británico, el tercer grande de la temporada. Su inicio era solo un pequeño rayo de duda, un breve estímulo para sus oponentes en el Royal Liverpool. A partir de entonces, arrancó el goteo de cifras en rojo. Acumuló hasta siete birdies -dos en los hoyos finales- y volvió a firmar otra extraordinaria tarjeta de 66 golpes -seis bajo par-, para un total de 132. El norirlandés ha puesto un ritmo intratable, que nadie ha conseguido igualar y hoy (Canal+ Golf, 11.00 horas) emprenderá con cuatro de golpes de ventaja el trecho decisivo hacia el tercer major en su fulgurante carrera deportiva.

Solo el recorrido inmaculado que ayer acreditó Dustin Johnson impidió que la diferencia de McIlroy fuese sideral, prácticamente inalcanzable. El norteamericano completó una tarjeta perfecta, salpicada también de siete birdies. 65 golpes, que lo aproximaron una pizca al líder. Con un total de seis bajo par para los dos días, el italiano Molinari y Sergio García, que en el British continúa con su tónica de ir de más a menos, se mantuvieron en la tercera plaza, pero siguieron perdiendo fuelle con respecto al primer clasificado. De todas formas, permanecen todavía al acecho para aprovechar cualquier tropiezo en un campo donde las cambiantes condiciones meteorológicas pueden dar un vuelco a cualquier pronóstico.

«Es un campo que forja campeones», aseguran de él todos los expertos. Sin embargo, el temido viento que lo hace tan complejo sopló ayer de nuevo suave y no incomodó el desarrolló de una jornada que presenció cómo se hundía uno de los candidatos a la preciada Jarra de Clarete.

Tiger Woods, al límite del corte

El último ganador de un British en Holylake, el norteamericano Tiger Woods, naufragó en su segundo ataque al campo. Después del -3 del primer día, selló una tarjeta de 77 golpes, cinco sobre el par, lo que lo dejó a las puertas de no hacer el corte, de no entrar en las dos jornadas determinantes. Hace ocho años, precisamente cuando Severiano Ballesteros jugaba, con su hijo Javier como caddie, sus últimos hoyos en un Open Británico, Woods dominaba con puño de hierro el mundo del golf y no encontraba freno hacia el triunfo. Eran otros tiempos. Pero a un talento tan excepcional jamás se le puede dar por finiquitado. Quien sí no estará en la pelea es el malagueño Miguel Ángel Jiménez, que, a pesar de mejorar el segundo día levemente sus prestaciones en el Royal Liverpool, no fue capaz de clasificarse para un fin de semana que promete ser apasionante.

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MacIlroy, intratable en el British