El Obradoiro no se perdió en el zigzag

M.G. Reigosa SANTIAGO / LA VOZ

DEPORTES

XOÁN A. SOLER

El colectivo de Moncho Fernández supo sortear un año de dificultades y rachas

08 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Cumplido el primer lustro desde que el Obra regresase a la élite, ponerle un titular a cada año no es tarea compleja. Son cinco historias revestidas de emotividad y brega, pero no intercambiables porque cada curso ha tenido su singularidad y sus peculiaridades. Y quizás el último haya sido el más tranquilo, pese a que discurrió a borbotones.

El estreno en la ACB no tuvo el final deportivo soñado. En el capítulo social, sin embargo, fue el del relanzamiento, el de la recuperación de un sentimiento latente que ha sido no solo motor de arranque sino también de empuje. Y lo sigue siendo.

Será difícil revivir una campaña tan redonda como la del ascenso. Cada partido en Sar fue una victoria, salvo con el Burgos en la fase regular. Y las eliminatorias de ascenso completaron un menú efervescente.

El reencuentro con la ACB fue un año de sufrimiento, de fe y de júbilo. El equipo no se diluyó a pesar de acabar la primera vuelta con solo cuatro victorias, se rehízo y logró la permanencia en la penúltima jornada en Sar, ante el Valencia, en uno de esos partidos que no se olvidan. Por el significado y por el juego.

Después vino el caviar del play off. Por una campaña en su vida, el Obradoiro se mantuvo a distancia de la agonía de la zona baja y disfrutó de las ventajas de la clase media alta.

Y después del relanzamiento, la efervescencia, el sufrimiento y el caviar, la temporada recién finalizada ha sido la del zigzag. Sin duda, la de las seis victorias seguidas que suponen la mejor racha del equipo en su corta pero emocional historia en la ACB.

De las primeras cinco jornadas solo fue capaz de ganar una. Y de las nueve siguientes, tres, con triunfos en Sar ante rivales de fuste como el Barcelona y el Málaga, ahora inmersos en la lucha por el título. A continuación enhebró los seis triunfos del tirón. Las bajas de Oriol Junyent y Muscala pasaron factura: en once jornadas, un partido ganado. Y las dos últimas cayeron del lado del colectivo de Moncho Fernández, que tuvo la virtud de perseverar y no dejarse llevar por la corriente, en busca de la mejor clasificación posible.

Triples y rebotes

Por segunda temporada consecutiva, Alberto Corbacho se coronó como el máximo triplista de la Liga Endesa, el que más tiros ensayó y el que más convirtió. Y, hasta que se fue a Atlanta, Muscala era el jugador que más rebotes capturaba. Uno y otro, junto con la mejor versión de Oriol Junyent, completaron un triángulo que reportó grandes réditos al equipo. En la racha de las seis victorias consecutivas, el colectivo mostró una fluidez y una autoridad más que notables. Pero al quedar los pívots fuera de escena, por distintos motivos, ya nunca se sabrá cuál podría haber sido el techo de ese Obradoiro.

Lo que haya podido ceder el club en la esfera deportiva lo ha ganado en la de la economía. La temporada 13/14 es histórica por esa racha de seis victoria seguidas y porque se cierra con un balance con números azules. Otro desafío conquistado.