El ex jugador del Zalaeta Pablo Mumary da clases de historia en la UNAM mexicana y fundó un club que vertebró la vida de varios gallegos en D. F.
02 may 2014 . Actualizado a las 09:08 h.México tiene su aquel. Algo que hace que merezca la pena poner un océano por medio. Entre el pasado y la vida que uno espera. Entre la Vieja Europa y el Nuevo Mundo. El gallego Pablo Mumary Farto (A Coruña, 1981) resume en su persona esta situación. Y el rugbi mexicano y la historia se lo agradecen.
Este ex jugador del Zalaeta coruñés (aquellos inicios siguiendo la tradición familiar de sus primos Jorge y Roberto, y de la mano de Carlos Morandé Sini, Dani Nenu y Viqueira) es en la actualidad becario de investigación CONACYT, cursa el doctorado en Estudios Mesoamericanos, imparte clases en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Especializado en historia precolombina centrándose en el estudio de los centros Mayas del período Clásico, nunca dejó a un lado el balón oval.
Antes al contrario. A su llegada al país centroamericano hace cuatro años, en lugar de tomar el sencillo camino de enrolarse en el equipo universitario, optó junto, con otro gallego de Vilagarcía, por fundar el Coyotes Rugby Club, que ya juega en la Primera División nacional y hace pocas semanas se proclamó campeón de la Copa de D.F.
Esa fue la vía de integración para varios de los gallegos que ahora han hecho de la capital mexicana su ciudad. «Ellos son parte de mi historia aquí y les tengo mucho que agradecer porque es muy difícil empezar de cero en una ciudad nueva. Y más en un monstruo como es D.F. Además, se dio algo que en A Coruña sería difícil. Un jugador del CRAT y otro del Zalaeta (Diego Riestra Crespo y yo) jugando juntos. Habíamos coincidido en el equipo universitario coruñés, y México los volvió a reunir. «Estando tan lejos de la familia y de los amigos de toda la vida es la gente del equipo y tu pareja quienes ayudan a cubrir estos espacios y a levantarte el ánimo en días malos», argumenta Pablo Mumary.
Aun cargado de predisposición, el impacto del cambio es inevitable. «Estoy muy contento en esta etapa de mi vida. Profesionalmente se van cumpliendo mis expectativas y personalmente estoy feliz con mi pareja y amigos. Pero empiezo a estar un poco cansado de algunos aspectos de la vida cotidiana de esta gran ciudad», explica. «Cuando llegué, el choque sociocultural fue tremendo; mi concepción del espacio-tiempo cambió de golpe. Al ser tan grande y tener tantos habitantes, las distancias en D.F. son inmensas y el tráfico tremendo», describe. «El transporte público puede llegar a ser un caos en lo que se llaman horas pico. Es lo que a mí más me ha marcado y es lo que más me estresa», abunda.
«Es un país muy heterogéneo. Aunque parezca que todo es más sencillo porque el idioma es semejante, te das cuenta de que no es así, las costumbres son muy diferentes», dice. «Aunque algunas cosas me empiecen a pesar más que antes, la verdad es que en México estoy muy a gusto. Es aquí donde he podido dedicarme a lo que realmente me gusta, donde la gente me ha recibido de una manera muy acogedora y donde, siendo realistas, tengo ahora mismo más posibilidades de crecer laboralmente», concluye el gallego.
En cuanto al rugbi, Mumary esboza la situación el oval en México: «Está en pleno crecimiento. Ya no es sólo para extranjeros afincados aquí. Cada año hay más federados, más organismos oficiales, competiciones y una mayor organización por parte de la Federación Mexicana de Rugby. España tiene mucho que decir y aporta el seleccionador y algún directivo».