El noiés jugó once años en diferentes equipos españoles de Segunda
05 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Cristiano Ronaldo, Mesi, Bale, Casillas, Iniesta. Son, sin lugar a dudas, auténticos monstruos del balón. Figuras mediáticas y máquinas de hacer dinero. Sin embargo, no siempre fue así. Hubo tiempos en que muchos jóvenes vivían dignamente del fútbol pero sin estridencias y sin focos ni televisiones. Grandes jugadores que se pasearon por la mayoría de campos de fútbol de la geografía española. Uno de esos privilegiados fue el noiés Alfonso Díaz Rechou (1949), un trotamundos y un emigrante del balón. Durante once años vivió de este deporte y defendió los colores de un puñado de equipos de toda España.
Hoy, Alfonso Díaz recuerda aquellos tiempos con nostalgia y en los que vivió muchos momentos buenos y agradables.
El fútbol no era fácil en la década de los 60 y 70 y menos para un chico de una localidad alejada de las grandes urbes.
Este espigado noiés despuntaba como mediocentro. Tras sobresalir en los juveniles, el Pontevedra llamó a su puerta. No lo pensó. Cogió la maleta y se fue a probar suerte. El filial granate fue su primer destino. salió cedido al Ourense en la temporada 70-71 para regresar a las orillas de Lérez al acabar ese año pues su dueño, el Pontevedra, acababa de descender a Segunda y expiraba la época gloriosa del «Hai que roelo».
Negocio familiar
Después de cinco años en Pasarón, necesitaba un cambio de aires y recaló en el Levante, que acababa de subir a Segunda. Tras un año en el conjunto valenciano, fichó por el San Andrés de Barcelona. Al rematar la temporada 77-78 se vio obligado a regresar a su lugar de origen para hacerse cargo del negocio familiar, un estudio fotográfico, al frente del que estuvo hasta su jubilación.
A pesar de que eran otros tiempos, Díaz reconoce que económicamente el fútbol a ese nivel daba para labrarse un futuro cuando acabase la carrera deportiva. Lo que lamenta es no abandonar el Pontevedra mucho antes, «pasei alí moitos anos e non estaba moi valorado». Y es que novias no le faltaron porque «era a eterna promesa». El Cádiz y el Salamanca estuvieron interesados en sus servicios, y en especial el conjunto andaluz, que en aquella época militaba en Primera. Pudo cambiar de aires cuando remató el derecho de retención.
La única espina que le quedó clavada fue no poder jugar con los mejores y debutar en Primera. Casi toda su vida deportiva estuvo ligada a la Segunda División.
Desplazamientos
Uno de los inconvenientes a los que se enfrentaban los futbolistas en aquella época eran los largos desplazamientos. La mayoría eran en bus en los que recorrían prácticamente toda España. A pesar de las muchas horas que pasaban juntos, «a convivencia era moi boa». Alfonso Díaz comenta que en la actualidad los jugadores «teñen moitas comodidades e incluso levan un golpe e non xogan. Antes eramos máis sufridos e xogabas cunha cella aberta».
Durante su etapa profesional conoció a mucha gente e hizo numerosos amigos. También tiene grandes recuerdos de sus entrenadores, entre los que destaca a Viesca o Che Barral, pero al que más agradecido está es a Benito Juanatey, el preparador que tuvo en juveniles y con el que «máis aprendín».
El gusanillo del fútbol era y es muy fuerte. Díaz no pudo resistirse a la tentación de sentarse en los banquillos y sacó el carné de entrenador regional. Dirigió al Esteirana, Boiro, Atalaya, Noia, Vista Alegre y Mazaricos, entre otros. Ahora disfruta de este deporte desde la barrera, aunque no lo puede olvidar.
ALFONSO DÍEZ RECHOU EXJUGADOR DE FÚTBOL PROFESIONAL