No estaba siendo inferior a su rival, pero el fútbol parecía dispuesto a volver a castigar al Fabril con la derrota. Por lo mismo de siempre. Por errores individuales, esporádicos, que lastran partido a partido a un filial blanquiazul débil y vulnerable en las áreas. El partido agonizaba, el Arousa ganaba 1-2, pero los chavales no cesaban en su empeño. Llamando una y otra vez a la puerta del gol. Esta vez sí que hubo premio a la perseverancia. No siempre ha sido así. Marcos Remeseiro pescó un balón perdido dentro del área, se giró y batió con clase por bajo a Jorge Pérez. Pasaban veinte segundos del tiempo reglamentario. Y aún pudo ser mejor, ya que el Fabril dispuso en el 93 de una falta lateral que Dani Iglesias remató al palo. Una muestra del gen competitivo que tiene este grupo de jóvenes jugadores. El partido había comenzado bien. Romay tenía mucho el balón y eso siempre implica que pasen cosas geniales. Así fue por ejemplo en el primer gol, en el minuto 25, cuando el de Malpica se sacó de la chistera un pase picado que solo está al alcance de los elegidos. Dani Iglesias completó esta maravillosa asistencia con un fuerte remate cruzado que alojó en la red, lejos del alcance de Jorge Pérez. Todo parecía ir bien. Pero solo un minuto y medio después el filial regaló el empate. Otra jugada desgracia. Otro error infantil. De los imperdonables. Uno más en esta Liga. Sidibé falló en el pase y se la dio directamente a un Quique Cubas que solo tuvo que resolver ante David Gómez (27). El propio exdelantero del Montañeros hizo el segundo antes del descanso, después de un remate desde el segundo palo tras centro de Álex Freire. Empuje final Tras el descanso, el Fabril recuperó su mejor juego. Abrió el campo y encontró por la derecha a Callón y Cañi, dos constantes incordios para la zaga visitante. Dani Iglesias y Ángel avisaron, pero fue Remeseiro el que se llevó la gloria.