El delantero y goleador del Compostela recibió en la visita a Luanco un obsequio de una pequeña admiradora vizcaína
11 sep 2013 . Actualizado a las 14:57 h.Es muy complicado arrebatarle una sonrisa a un futbolista que acaba de perder un partido. Cuando salen de la ducha conviene dejar un margen de tiempo sin molestarlos. Permitir que se suban al autobús de regreso a casa inmersos en la música que sale de sus auriculares, sin hacer mucho caso a nada más, ni a nadie.
Toda una semana de trabajo se acaba de ir al garete en un mal despeje de un compañero y un error del juez de línea, que levantó el banderín cuando tenía que haber estado quietecito. Sin embargo, por muy de uñas que esté un jugador, hay ocasiones en las que es imposible no sonreír. Es lo que le sucedió el otro día a Joselu, delantero de la S. D. Compostela.
El pasado sábado, sobre las diez de la noche, Angélica, una pequeña admiradora de tan solo cuatro añitos, aguardaba tras las puertas del vestuario visitante del estadio del Marino de Luanco. No le importaba el 3-1. Se había metido trescientos kilómetros para darle un pequeño regalo. Un opari, como ella dice. Angélica es de Barakaldo, y así es como denominan a los presentes por aquellas tierras. Dice que Joselu es su «novio».
Y cuando a mediados de semana se enteró de que podría volver a verlo, exigió unas monedas a su padre para que el reencuentro no fuese con las manos vacías.
El flechazo surgió a mediados de junio. En Pamplona. El Compos se encontraba disputando el play off de ascenso a Segunda B y le había tocado jugar contra la A.D. San Juan. A pesar del resultado favorable logrado en la ida (3-0), el conjunto de Fredi estuvo arropado en la vuelta por los de siempre: varios integrantes de la peña Fonte Sequelo y la peña Los Dos al completo, es decir, Paco y Mar.
Es del Compos
A la expedición blanquiazul se sumó Santi López, que metió a su hija Angélica en el coche y arrancó desde Barakaldo hacia la capital navarra para apoyar a su equipo. Santi nació hace 33 años en Miranda de Ebro (Burgos). Está asentado en Vizcaya, en el famoso cinturón de Bilbao. Y a pesar de que no tiene más vínculos con Santiago que el haber disfrutado de algún verano en Lugo, su equipo es el Compos. ¿Hincha del Athletic y simpatizante del Compos? No, «Compos, Compos y Compos», dice, rotundo. «No sé explicar las razones, pero desde pequeñito defiendo este escudo. De toda la vida. Cuando puedo, me acerco a verlos».
Así sucedió en Pamplona, hace ya tres meses, y en Luanco, el fin de semana pasado. «En el partido contra el San Juan dijo que Joselu era el más guapo del equipo, y que quería que fuese su novio. Por eso cuando le dije que este fin de semana (por el pasado) íbamos a volver a verlo, se puso muy contenta y quiso comprarle un muñequito. Un pequeño opari».