Carmen echa el cierre a un clásico

Antonio Garrido Viñas
Antonio Garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

DEPORTES

ROSA ESTEVEZ

Por mil pesetas le ganó la puja a sobre cerrado a Búa, otro clásico del deporte vilagarciano y exconserje de la instalación, en la subasta que hace veinte años lanzó el Concello de Vilagarcía para hacerse con la concesión de la cafetería del pabellón de Fontecarmoa. Carmen Arias reconoce que nunca pensó que iba a durar tanto a pie de barra -la concesión en principio era por solo cuatro años- pero terminó enamorada del local y de la gente que se ha encontrado «que nunca me dado un disgusto», dice emocionada. «No pensaban en el Concello que iba a durar tanto», bromea.

Y duró hasta hoy. En realidad mañana, que es cuando expira la concesión a pesar de que durante todo el mes de agosto el bar ya ha estado cerrado por vacaciones. Carmen ha aprovechado para ir recogiendo, aunque la mayoría de las cosas quedarán allí para quien coja la concesión, «que espero que sea alguien que lo necesite, y ojalá lo disfrute tanto como yo», afirma.

Al contrario de lo que dice el tango, veinte años son mucho. O dan para mucho. Dan para que, como dice Carmen, los hijos de jugadores que ella vio sobre el parqué sean ya sus clientes. Y se acuerda de Andrés Cadahía, por ejemplo, o de gente de Vigo, O Grove, Cambados... que le vienen a presentar a sus vástagos. Cadahía, claro, porque aquel Inelga fue el primer foco de atención para que los vilagarcianos se acercaran al pabellón. Después llegaron las chicas del Cortegada, que ayer bromeaban con ella -«Carmen, abre el bar», le gritaban desde la pista cuando la vieron acercarse a la cafetería para recoger unos papeles- y fieles clientes como los miembros de la Peña Fondo Bar, para los que los solo tiene también buenas palabras. «No soy capaz de expresar con palabras mi gratitud hacia todo el mundo», resume.

En realidad, dice Carmen que no se marcharía, que solo lo hace por cansancio. «Empecé a trabajar los 14 años y ya me duelen los huesos. Si no, seguiría aquí», confiesa. Y promete seguir subiendo la cuesta que lleva al pabellón: su nieto da los primeros botes en las categorías inferiores del BBC y ella quiere disfrutar de algún partido del Cortegada también desde el otro lado de la barra.