El orgullo de la Sagrada

La escuela de taekuondo del colegio lleva 28 años dando medallistas nacionales


A CORUÑA / LA VOZ

Hubo un tiempo en el que jugar al ajedrez en el centro social de la Sagrada Familia era sinónimo de ser un pequeño maestro del tablero; paralelamente, el fútbol sala contaba con un genio del balón pequeño: Vituco, gran capitán del Chaston y campeón del Mundo con la selección española de mediados de los ochenta; posteriormente, también en fútbol sala, el Breogán tocaría el cielo nacional en categoría cadete con un campeonato de España; en aquel equipo militaba un niño rubito llamado Álex Bergantiños, actualmente en el Deportivo; también deportivista y del barrio es José Luis Deus, que llegó a disputar un Mundial de fútbol sub-20, el de Malasia. Los dos, al igual que Álex Lombardero (campeón del Mundo sub-20 en el 2009) jugaron en el Imperator, primer club de la capital que militó en Tercera División.

Sin embargo, si un deporte ha llevado éxitos a este humilde barrio es el taekuondo. Desde que el colegio Sagrada Familia implantó este deporte en la primavera de 1985, son más de 20 las medallas nacionales e internacionales que acumula esta disciplina.

Trescientos alumnos

«Aquellos primeros años teníamos 300 alumnos. Ocupábamos el patio del colegio y era un espectáculo ver aquellas clases», recuerda José Luis Garrapucho, quien imparte esta disciplina en el centro desde pocos meses después de que se implantara.

Muchos han sido los referentes que han salido del colegio, pero, sin duda alguna, la más destacada es Estefanía Hernández, campeona de Europa absoluta, tercera del Mundo y campeona de la Universiada, amén de varias veces oro en el nacional. Iris de la Iglesia, Rubén Taboada, Miguel Pardo, Óscar Garrido o Meri Suárez son solo algunos de taekuondistas formados en el colegio que han subido a podios autonómicos y nacionales e internacionales en diferentes categorías.

Iván Vágner y Sandra Rodríguez son los dos últimos productos de la factoría que Garrapucho tiene en la Sagrada Familia. En la actualidad son cerca de cuarenta los pequeños que hasta los doce años se introducen en el mundo de las artes marciales en el centro educativo.

«Empiezan a los cuatro años y, sobre todo, trabajamos psicomotricidad y una serie de valores que posee el taekuondo: educación, respeto al compañero y al adversario, espíritu deportivo... La competición es solo una parte de esta disciplina. Cierto que es la que quizá ofrece mayor reconocimiento exterior, pero a mí me reconforta tanto formar personas. En este colegio se da la circunstancia además de que conviven niños de diferentes culturas y es una forma más de crecer como personas», reflexiona el veterano técnico, que a sus 51 años puede presumir de haber sido el maestro del entrenador (Marco Carreira) de un subcampeón olímpico como Nico García Hemme.

Deporte, valores e ilusión es la receta de la fábrica de campeones de la Sagrada Familia.

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