El Tigre ya otea la cima

Woods opta de nuevo al liderato mundial, que puede lograr el domingo


Redacción / La Voz

La víspera de la noche de Acción de Gracias del 2009 la carrera de Tiger Woods entró en una espiral de problemas que solo el domingo pueden cerrarse de manera definitiva. Reconoció sus infidelidades y rompió de forma abrupta con su mujer, Elin Nordegren. Luego se retiró y puso su vida y su carrera -tan ligadas siempre- patas arriba. Tal era su jerarquía, su superioridad, que tardó otros doce meses en perder el liderato mundial -en una lista que computa los resultados de los dos últimos años-. Desde octubre del 2010 no figura en el puesto que correspondía como de forma natural a su talento casi irrepetible. Y el domingo puede recuperarlo si gana uno de sus torneos fetiche, el Arnold Palmer Invitational Bay Hill.

Hace meses que Woods vuelve a parecerse a Woods. Hace tiempo que el Tigre asusta como antes. Mañana a primera hora emprende la última etapa del viaje hacia el liderato mundial, compartiendo partida con Ernie Els y Justin Rose. La reconquista del número uno encierra un reconocimiento para el californiano. A la luz de los datos, volverá a ser el mejor jugador del momento. Pero él solo lucha, en realidad, por convertirse en el mejor de todos los tiempos.

Cuando se retiró durante unos meses en el 2009, tenía 14 trofeos del Grand Slam. Ahí sigue. Porque no recoge ninguno desde que ganó el US Open del 2008. Continúa a cuatro del récord histórico de Jack Nicklaus. Otra leyenda, Arnold Palmer, el carismático golfista que popularizó su deporte a mediados del pasado siglo, le podría entregar el domingo el trofeo.

Hank Haney, su entrenador entre el 2004 y el 2010, confirma sus progresos en varios detalles. «Parece haber eliminado los golpes que fallaba hacia la izquierda, y eso otorga mucha confianza a un golfista», apunta sobre sus salidas con las maderas. Y añade que su juego corto es «mucho mejor si lo comparamos con el año pasado».

Un campo fetiche para él

Woods tiene el liderato a tiro. Ganó el Arnold Palmer Invitational en siete ocasiones. Sobre el Bay Hill Club de Orlando puede ajustar cuentas. Allí había roto también, hace ahora doce meses, la peor racha que vivió jamás. Su título de la pasada primavera quebró entonces 924 días sin celebrar victorias en el circuito estadounidense.

Aquel triunfo fue el primero de los tres de la temporada pasada, con victorias en el Memorial y el AT&T National. En el 2013 dio otro paso más. Volvía a ganar como antaño, destrozando campos, rivales y registros. Venció en enero en el Farmers Insurance Open, batió luego en Palm Beach su récord de golpes en una cuarta ronda (62) y machacó hace unos días en la despedida del que fue uno de los campos más difíciles, el Doral. Allí solo necesitó 100 putts, el mejor registro de su vida, para ganar el Cadillac Championship.

Aunque la próxima semana disputa la Tavistock Cup por equipos, en Bay Hill afronta Woods desde hoy su último gran test antes del Masters de Augusta, su objetivo prioritario.

Su caída se había producido tras su separación en el 2009. Luego desmontó su equipo y creó uno nuevo. Sufrió durante dos años. En junio del 2011 era el número 58 del ránking. Su juego parecía el de uno cualquiera, pero no lo era. La espera sin títulos se le hizo eterna tanto a él como a los patrocinadores y los propietarios de los derechos de retransmisión de los torneos. Bajaron las audiencias, arreciaron las críticas, aunque él nunca dejó de creer. La espera pueude haber terminado el domingo.

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