Sergi Rufi, psicólogo: «La sensibilidad es un rasgo que se vive mal siempre, pero no es una debilidad, es una fortaleza»
SALUD MENTAL
El especialista en salud mental sostiene que, en el mundo actual, «resulta un desafío ser honesto con lo que sientes»
26 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Sergi Rufi lleva más de 26 años en el ámbito de la psicología, vinculado al mundo académico como docente e investigador en la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona. Los últimos catorce se ha dedicado al acompañamiento terapéutico, dándole la mano a miles de personas para vivir una vida con menos culpa y frustración, más conexión, sentido y autenticidad. Viene de publicar su quinto libro: Abiertos a sentir (Libros Cúpula, 2025), dedicado a la sensibilidad.
—¿Qué es la sensibilidad?
—Es un rasgo que se vive mal siempre, pero no es una debilidad, es una fortaleza. La sensibilidad es la capacidad para sentir. La emocionalidad es la capacidad para emocionarse. La base de la sensibilidad son las emociones, que compartimos con todos los seres vivos. Todos sentimos rabia, alegría, tristeza y miedo. Pero si reprimimos estas emociones, el miedo se convierte en fobia y la rabia en violencia. La rabia no es gritar, es tener fuerza interior y decir que no, es una emoción que se ha culpabilizado mucho. La alegría es la que más nos gusta porque es la más «bonita», pero que en realidad se utiliza para reprimir las otras. Cuando dices que todo está bien, pero te inunda la tristeza, tienes rabia. Es la que más se utiliza para maquillar el resto, pero son cuatro emociones básicas. Resulta un desafío ser honesto con lo que sientes.
—¿Por qué tendemos a reprimir nuestras emociones?
—Es normal, para ser educado y socializado, que nos tengan que reprimir un poco las emociones. El tema es que cuando somos adultos, no podemos seguir reprimidos, al revés, necesitamos estar abiertos a sentir para poder decidir desde lo que nos gusta y desde lo que es importante para nosotros. Nuestras necesidades están al lado de nuestras emociones y sentimientos, y nuestro sentido personal. En la era industrial, se nos ha educado para ir a la guerra y a la fábrica, y tanto en una como en otra, las emociones sobran. Quieren robots, gente obediente, piezas frías sin emociones que cumplan órdenes y formen parte de la cadena de montaje. Sin embargo, cuando ya pasa todo eso, en los años setenta y ochenta, en Europa ya no hay guerras y el ser humano se empieza a abrir a lo que es: un ser emotivo y emocional. Por eso aparece tanto el trastorno emocional, porque no nos han enseñado a abrirnos.
—A la hora de tomar una decisión, ¿cree que pesa más la razón o la emoción?
—Hasta el siglo XX, se creía que era la emoción la que llevaba todo. Sin embargo, se ha visto en los últimos estudios que es la parte emotiva y emocional la que decide por nosotros. La parte inconsciente decide sobre nosotros unos segundos antes de que la parte racional se de cuenta. La neurociencia se ha encargado de demostrar que es la parte límbica, emotiva o más profunda, la que decide por nosotros, pero es la parte racional la que se da cuenta de esa decisión cuando esta ya está tomada por la parte emotiva. Al final, es más los sentidos, el gusto, el tacto, el olor, la percepción, cosas muy inconscientes a través de las que decidimos nuestra vida.
—Entonces defiende que nos dejemos guiar más por la emoción que por la razón a la hora de tomar una decisión.
—Sí y no. No hay una respuesta clara. Al final, si eres una persona reprimida y con miedo, o que vive con mucha culpa, seguramente no, porque te va a dar miedo, no vas a saber distinguir qué es miedo y qué es intuición, y vas a confundir muchas cosas. Pero una vez que has hecho un trabajo interior de elaboración, trauma y te han acompañado terapéuticamente, sin duda. La sensibilidad es nuestra brújula interior y nuestro mejor centro de decisiones.
—¿Las «corazonadas» tienen evidencia más allá de lo literario?
—Sí. En el corazón hay un montón de neuronas, decenas de miles, aunque menos que en el cerebro. Por eso, esa antigua idea de tener una corazonada es una metáfora que, al final, acaba siendo literal. El corazón siente, sin duda, y tú sabes lo que sientes y lo que te gusta. Otra cosa es que tengamos que reflexionar si ahora toca o conviene. El mundo está lleno de gente reprimida y desconectada, por eso se toman decisiones horribles. La empatía ocurre en la sensibilidad. Si no la tengo, no puedo ver el futuro más allá de ganancias en el presente, aunque me esté cargando el futuro para mis hijos.
—Defiende que llorar no es una debilidad, pero cuesta.
—Sí, porque a alguien que llora se le considera débil, alguien a quien le cuesta gestionar sus emociones. Se nos permite llorar en privado o ante cosas bonitas, pero está muy mal visto porque tenemos miedo a desbordarnos, a que se rían de nosotros, a contactar con cosas profundas que no hemos solucionado. Pero el hecho de llorar es sinónimo de salud mental, emocional y es la manera precisa de descargar peso emocional y que las emociones sean un puente hacia sitios nuevos.
—¿La rabia puede tener beneficios?
—Agresividad y violencia es la rabia mal gestionada. En cambio, cuando se consigue controlar, se traduce en poner límites, con suavidad. Es una energía de reposicionamiento y pedir que se nos respete, una emoción muy importante que siempre nos han reprimido y unido a la culpa. A lo mejor hay gente que tiene culpa cuando siente rabia. Todos los cambios sociales han venido de ella, pero no de la violencia. Hay que diferenciar.
—¿Qué consejo daría para disfrutar de la sensibilidad?
—Primero, darte cuenta de que la sensibilidad no es un rasgo elegido y que no tiene que ver con el trauma, aunque está relacionado. No puede haber gente inteligente sin tener esa sensibilidad. Los hay, pero son psicópatas. La gente ampliamente inteligente vive la sensibilidad como un centro de decisión, sin culpa y con dignidad.Tenemos que aprender a reconocer qué sentimos, no negarlo. Tenemos que aprender a vivir con gente que no nos culpabiliza la sensibilidad, que aprenda a abrirse y que, aún siendo sensible, la viva como una habilidad, como un tipo de inteligencia. Solo me abro emocionalmente a gente que lo hace, porque si no, me va a señalar, traumatizar y lo va a utilizar.