La historia volvió a reunirse con un Lugo que firmó en El Madrigal una de sus cronologías destacadas. Solo así se percibe que una entidad llana y que no hace tanto deambulaba por categorías alejadas del profesionalismo iguale en casa de un subcampeón de Liga y semifinalista de Champions. Y sí, en este mismo siglo: 2008 y 2006, respectivamente. Recibieron un gol tejido entre un titular en el campeón de la Eurocopa 2008, un lateral de Primera y un fino estilista como no muchos en la élite. Los lucenses convierten su personalidad en costumbre. Sufrieron las embestidas en la primera mitad, especialmente por banda izquierda, pero fueron capaces de sobreponerse y llevar el encuentro a su terreno. Recayeron en un error usual: el exceso de confianza en la salida de balón, que trae más secuelas positivas que negativas. Iago continúa manifestando su osadía y Óscar Díaz firma nuevamente un gol en una cita célebre. Mérito en el tanto del asistente, pero también de un Rubén Durán que, cual delantero, arrastró a los centrales para dejar a su compañero frente a Diego Mariño, amén de su cabalgada. Setién fortificó con carrileros. La rotación se completa con la irrupción de Raúl Fuster tras su lesión, valiosa por lo que supone de un conocedor de la categoría. No en vano, disputó cinco temporadas consecutivas en Segunda. Su presencia y la de Javi Rey son dos incorporaciones más. Al fondo, el Barça B, sinónimo de influencia futura en la élite.