Doce días después de colgarse la plata olímpica en Londres, Javier Gómez Noya regresó a su cuna, al lugar donde empezó todo. Volvió a Caranza, el barrio donde se inició como nadador, para prestigiar el Triatlón Cidade de Ferrol. Lo ganó, como se daba por descontado, e hizo disfrutar a los cientos de espectadores que se acercaron al paseo marítimo para disfrutar de una prueba que reunió a más de 300 deportistas. Superó en 57 segundos al siguiente, el pontevedrés Pablo Dapena, y en tres minutos y 53 segundos al tercero, el naronés Brais Canosa, a los que esperó tras cruzar la meta para retratarse juntos en la foto del podio simbólico.
Gómez Noya disputó dos pruebas en una. Por un lado afrontó la carrera como un entrenamiento para recuperar la forma de cara a sus próximos compromisos -el siguiente, el sábado, en la prueba del Mundial en Estocolmo- y, de paso, trabajó para su amigo Pablo Dapena, con el que comparte a diario entrenamientos en Pontevedra. Juntos salieron de la ría, tras 750 metros a nado. A partir de ahí, el ferrolano se puso a tirar, dejando un lugar más cómodo a rueda a su socio de entrenamientos.
Así completaron juntos los 20 kilómetros de una prueba que se celebraba en formato esprint -los sectores se reducen a la mitad de lo habitual en distancia olímpica-. Por detrás, venía fuerte Brais Canosa, que salió algo retrasado del agua y recuperaba posiciones sobre la bici.
A partir de ahí, Gómez Noya se marchó. Finalizado el trabajo para su amigo Dapena, se quedó solo ya en la zona de transición y completó en solitario los cinco mil últimos metros de carrera pedestre, jaleado por amigos, compañeros y aficionados.