Del Bosque afinó las piezas y no hubo rival

antón bruquetas REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

02 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

La final de la Eurocopa presentaba una única incógnita, la de saber a qué Italia se vería. España siempre es la misma. Predecible, pero imparable. Prandelli deshizo el planteamiento que utilizó en el primer partido del torneo y Del Bosque pulió algunas deficiencias de aquel encuentro y entonces la selección se quedó sin rival. Los futbolistas españoles armaron su mejor versión, tocaron y tocaron hasta la eternidad.

Asfixia en la creación

Siempre pendientes de Pirlo

Del Bosque era consciente de que la mayor parte del caudal ofensivo de Italia debía pasar por las botas de Pirlo y, por este motivo, le situó una vigilancia especial. Xabi Alonso, Busquets, y Xavi asfixiaron al genio transalpino, no le dejaron ni un palmo de terreno para pensar y a los de Prandelli solo les quedó el recurso de las bandas. Desde allí generaron las mejores ocasiones de peligro, pero nunca aparecían en jugadas trenzadas, siempre llegaban por empuje, con más corazón que cabeza.

Cambios en el falso nueve

Fábregas jugó muy adelantado

Uno de los principales problemas que encontró España en el primer partido durante la fase de grupos, cuando el seleccionador nacional colocó a Cesc Fábregas como falso delantero, fue que la tendencia natural del jugador por retrasarse hacia la zona de creación encogió al equipo. Provocó un atasco en la medular que no permitió al conjunto de Del Bosque desarrollar el fútbol combinativo que ha maravillado al mundo en estos últimos cuatro años. Sin embargo, aunque ayer salió el mismo futbolistas en esa posición, Fábregas salió con la lección aprendida. No podía repetir los errores del pasado y luchó en cada momento para incrustarse entre los centrales, para incomodar como lo haría cualquier atacante puro, y gracias a esta variante firmó una actuación memorable.

Lesión de Motta

Desapareció el partido

España ya había decantado la final hacia su favor después de marcar dos goles y ofrecer una sensación de superioridad que jamás los jugadores españoles habían exhibido frente a la azzurra, pero la lesión de Thiago Motta, cuando Prandelli ya había consumido los tres cambios, finiquitó el choque. Llegaron otros dos goles, aunque pudieron ser más, porque la selección se dedicó a marear a Italia como mejor lo sabe hacer, con un toque eterno, con una forma de jugar que ya ha convertido a esta generación en leyenda.

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