«El domingo sentí escalofríos»

Seguirá jugando al baloncesto en Argentina y no se ve como entrenador


SANTIAGO / LA VOZ

Javier Tuky Bulfoni (Argentina, 1976) es el gran capitán del Obradoiro. Su voz se escucha en el vestuario. Tiene mucho peso. Lleva tres años en el club, desde que comenzó este nuevo y ambicioso proyecto. Ahora, hace las maletas y regresa a su Argentina natal. Sar lloró este domingo su marcha.

-¿Qué significado tienen las lágrimas del domingo?

-Es un sentimiento un poco contradictorio. A la vez de alegría y de tristeza. Alegría por el cariño que te da la gente, que es algo increíble. Me dieron muchísimo en estos tres años. Tristeza porque a partir de ahora uno tiene que dejar de percibir ese cariño. Me llevo muchísimas cosas de Santiago y del Obra. Por eso las lágrimas.

-¿Le quedan todavía más lágrimas?

-Me quedan, claro que sí. Aquí estaré hasta julio y hay muchas despedidas todavía pendientes. Pero trato de no llorar. Solo puedo decir que es una lástima marchar.

-Seis mil gargantas gritando su nombre. Una afición volcada que no le deja ni hablar. ¿Qué pasó por su cuerpo en ese momento?

-Sentí escalofríos, una alegría inmensa.

-Después de esta despedida tan emotiva, ¿es posible dar marcha atrás en su decisión?

-Tomé la decisión después de mucho meditar. Lo pensé mucho. Hace tiempo que tengo el sentimiento de que hay que volver a casa. Son diez años fuera. Además, si sigo, con el cariño de esta gente, se me haría muy largo el año. Lo mejor es abrirme, irme y hacer caso del sentimiento.

-Se le vio deprimido en algunas fases del campeonato. ¿Por qué?

-Este año fue muy difícil para mí. El cambio de rol me costó entenderlo. Quería dar mucho más por el equipo y no podía hacerlo. Traté de interpretar lo que querían que hiciese dentro de la cancha. Cuando lo comprendí, desde luego que disfruté mucho más.

-¿Qué dice su corazón cuando escucha la palabra Obra?

-Mucho cariño, mucha amistad. Eso no se paga con nada.

-¿Y cuando mira hacia la grada?

-Emoción. Tenemos una afición, no de diez, sino de doce o de trece. Sensacional.

-En su larga trayectoria, ¿vio alguna vez una hinchada como esta?

-En Argentina sí, allí somos así. En España estuve en sitios con afición con un buen comportamiento, pero nunca como la de Santiago.

-¿Qué se lleva de Santiago?

-Muchas cosas. Además, si todo sale bien, un lazo de sangre que me deja ligado a esta ciudad para siempre. (Su novia Pili es de Santiago).

-Su madre hizo el Camino de Santiago.

-Lo quiso hacer desde Francia, desde París, pero no estaba muy bien señalizado, dio muchas vueltas y al final se fue a un pueblo cerca de Roncesvalles y allí empezó.

-Puede ser un reto para usted, ¿no?

-No, la verdad es que no me llama. Lo haría por ver los paisajes, pero no por otra cosa. Cada uno tiene sus gustos.

-¿Alguna promesa pendiente por la salvación?

-No. Dar el cien por ciento y esperar que al final llegara el premio, como así fue.

-¿Había mejor equipo este año que en la primera temporada de ACB?

-Como equipo diría que sí. Como individualidades las dos plantillas están bastante parejas.

-¿La palabra de Tuky en el vestuario es palabra de Dios?

-(Se lo piensa) No. Soy bastante callado, pero a veces cuando alzo la voz se escucha más.

-¿Manda Tuky más que nadie en el vestuario?

-(Se ríe) Algo sí, pero no del todo, pues somos doce, está el cuerpo técnico y hay que escuchar a todo el mundo.

-¿Algunas veces levantó la voz esta temporada?

-Sí, pero muy pocas veces, de verdad, muy pocas. Más que voces fueron palabras. Soy de los que piensa que cuando las cosas no van por el camino que deberían ir hay que decirlo.

-¿Tal vez cuando el equipo perdió aquellos cuatro partidos consecutivos en casa?

-Hablamos todos. Cada uno expuso sus motivos y llegamos a una única conclusión: para sacar este equipo adelante había que dar hasta el final el 120 por ciento. Y así fue. Logramos el objetivo que perseguíamos.

-¿Moncho Fernández le echa a usted las mismas broncas que a otros jugadores?

-Por supuesto. Y también yo se las echo a él (ríe repetidamente). Es algo mutuo.

-¿Oriol Junyent demostró el domingo que le tiene a usted un cariño especial?

-Somos de la misma clase, del 76, y miramos el básquet de la misma forma. Nos llevamos realmente muy bien.

«La gente, sin duda, es maravillosa, muy cariñosa. Me llevo muchos amigos»

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