«El mar nunca se me dio bien»

Desde las piscinas municipales de A Coruña, hasta batir récords con Bridgeport


redacción / la voz

Este Óscar Pereiro nació en A Coruña (1991) y bate récords de natación becado por la Universidad de Bridgeport. Suyo es el nacional estadounidense universitario de División II en cien yardas espalda. Y con ese aval, más una brillante trayectoria en categorías inferiores, acudió al Campeonato de España Absoluto Open de Natación P50 en Málaga, llave de acceso a los Juegos de Londres. Allí logró el bronce en 50 espalda para el Club Natación Arzúa, con nuevo récord gallego.

-Regresó a España con la vista puesta en el Europeo de mayo en Debrecen y los Juegos.

-Casi nada... Ha sido complicado. No tanto por las marcas exigidas, sino porque habría que derrotar a dos gigantes: Aschwin Wildeboer y Juan Miguel Rando.

-¿Quedan ya muy lejos el club de Arzúa, el de Ribeira y el Centro de Tecnificación de Pontevedra?

-Para nada. Aún recuerdo a menudo cuando mi abuela Virtudes me llevaba en los veranos a las piscinas municipales de A Coruña. Venía de vacaciones desde Viladavil [Arzúa]...

-... ¿y por qué no se lanzaba al mar?

-Nadar en el mar nunca se me dio bien.

-Pero en piscina ya empieza a hacerse con un nombre. Récords gallegos absolutos y universitarios de Estados Unidos, despunta en Europa...

-He ido progresando, es cierto, pero hay que decir que decidí ir a Estados Unidos porque en España es más difícil compaginar los estudios y el deporte de alto nivel. Aquí las ayudas son insuficientes, y allá incluso adaptan los horarios. Tuve que hacer dos exámenes complicados, pero mis marcas deportivas me avalaron y me facilitaron el acceso. Estudio ingeniería informática, me quedan dos años y la verdad es que estoy muy a gusto.

-¿Qué es lo que más extraña?

-Responderé con ese clásico; sin duda, la comida. En Galicia se come muy bien. La gente, también la echo de menos, por supuesto. Pero allí se está muy bien. Hay muchos europeos, lo que contribuye a la adaptación. Es una mentalidad más parecida a la nuestra. Los norteamericanos son como niños, en cierto sentido, hasta que alcanzan al menos el segundo año de la carrera universitaria.

-¿Dispone de las condiciones que buscaba para entrenarse?

-Si, aunque los tiempos de entrenamiento están regulados por una normativa y en la División II se entrena menos que en la categoría más alta, porque no está permitido. El resto debes hacerlo por tu cuenta.

-¿Cómo es un día normal para usted?

-Me levanto a las seis y entreno hora y media en seco (ejercicios con peso corporal y pelotas medicinales), luego nado una hora, tengo clases y como, y a la una vuelvo al agua. Después, más clases. A las cinco de la tarde ceno y después, para terminar el día, entrenamiento, clases y gimnasio.

-Con ese ritmo, la adaptación se presupone. Incluso la idiomática.

-Bueno, relativamente. La verdad es que nunca había estudiado inglés con demasiadas ganas. Y cuando decidí irme a Estados Unidos, me puse a tope. Aún así, necesité un curso complementario y los primeros meses no estuve plenamente en la carrera, sino preparándome.

-¿Cómo afronta la competición?

-Durante la competición, suelo escuchar música y suelo hacer mucho trabajo por mi cuenta, no quiero que venga mi entrenador a decirme lo que tengo que hacer porque lo importante es sentirte bien y no puedes hacer más ni menos, y nadie puede saberlo mejor que uno mismo.

-De ídolos hablamos. ¿Lochte o Phelps?

-Si tuviese un ídolo, ese sería Ryan Lochte. Es americano, nada pruebas de estilos y espalda. No solo por su calidad y porque está acabando con Michael Phelps sino por cómo vive su carrera deportiva. Ha logrado hacer de la natación una profesión rentable, trabajando mucho los patrocinios. Además, se vale de su éxito para colaborar con muchas organizaciones de ayuda a gente con problemas mentales e intenta ayudar a nadadores pequeños yendo a clubes a dar consejos.

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