El portero Urko Pardo, con raíces en Vilalba, brilla en la revelación de Europa
25 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Mientras los jugadores del Apoel terminaban de ducharse en las entrañas del Petrovski Stadion de San Petersburgo, las calles de Nicosia, la capital de Chipre, se inundaban el miércoles por la noche con banderas del club. Los futbolistas dirigidos por Ivan Jovanovica habían logrado la hazaña de clasificar al equipo para la siguiente fase de la Liga de Campeones, un hito sin precedentes en la historia del pequeño país mediterráneo. Integrado en la plantilla que obró el milagro se encuentra el portero Urko Pardo (Bruselas, 1983), un trotamundos del fútbol continental por el que corre sangre gallega.
No en vano, su madre y su abuela, que ahora viven en Bélgica, son de Vilalba. «Mi abuela todavía conserva una casa a la que regresa todos los veranos y pasa allí tres meses», comenta el guardameta, que visitó Galicia en diversas ocasiones. «Me parece un paraíso para vivir. La recuerdo como una tierra espectacularmente verde y muy tranquila», indica.
Fichaje por el Deportivo
Y este verano a punto estuvo de volver, pero en esta oportunidad para quedarse. Porque, según asegura, un agente contactó con él para convertirse en uno de los refuerzos del club coruñés. «Creo -explica- que no sabían muy bien lo que iba a pasar con Dani [Aranzubia] y entonces querían contar conmigo». No era la primera vez que desde el equipo blanquiazul intentaban lograr los servicios de Urko Pardo. En el 2008 su nombre sonó con fuerza en la órbita del Dépor. Sin embargo, tanto las últimas negociaciones como las anteriores no terminaron de concretarse. De todos modos, no le cierra la puerta a poder defender en el futuro los colores de un conjunto gallego. «Creo -comenta- que ahora no era el momento, yo quería seguir en la élite, pero nunca se sabe...».
Las mil vueltas del fútbol
Porque si hay un jugador en la Liga de Campeones que puede decir bien alto que la vida da muchas vueltas ese es Urko Pardo. Forjado en la cantera del Anderlecht, fue delantero hasta los 12 años «cuando se lesionó uno de los porteros del equipo y desde entonces ya nadie me quitó de debajo de los palos». Después aterrizó en la Masía, su segunda casa. En la factoría de talentos del Barcelona vivió cerca de ocho campañas. Allí compartió equipo con figuras de la talla de Lionel Messi o Víctor Valdés. Pero asegura que no maduró cerca del Camp Nou, sino cuando, ante la falta de oportunidades en el filial blaugrana, lo cedieron al Cartagena y al Sabadell. «Pisando el césped de los campos de Segunda B es cuando eres consciente de que el fútbol de verdad no solo tiene que ver con los grandes estadios».
Después abandonó España para jugar en Rumanía y Grecia, y finalmente saltó esta temporada a Chipre gracias a la oferta que le hizo su técnico, Ivan Jovanovica, quien ya lo había entrenado en el Iraklis griego. El 19 de octubre logró la titularidad y ahora por fin saborea la gloria.