El Camino de Santiago no pudo con la selección de natación sincronizada
29 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Si releen a Hans Christian Andersen recordarán cómo la protagonista de uno de sus cuentos más celebrados, La Sirenita, padecía unos dolores indecibles como precio por cambiar su cola de sirena por unas piernas humanas. La imagen viene muy a cuento del sufrimiento que transmitían ayer, en pleno corazón de Santiago, las nadadoras del equipo nacional de natación sincronizada, que patrocina ASISA: catorce chicas completamente exhaustas, destrozadas, rotas; catorce sirenas escarranchadas.
Cada kilómetro de los 180 del Camino de Santiago que completaron en solo cinco días era una clavo, una cuchilla. «Estamos acostumbradas a trabajar en un medio sin gravedad, en el agua, no tenemos la musculatura desarrollada para una travesía así», decía una de ellas.
No es exageración. Con trabajo subieron por dos veces las escaleras del Pazo de Raxoi, primero para encontrarse con el presidente de la Xunta, y, después, con el alcalde.
Con tanta dificultad caminaban que había quien pensaba que habían viajado a caballo durante quince días sin bajarse; tal era su estampa. «¿De verdad no se han excedido estas chicas con semejante esfuerzo?», preguntaba alguien en el Obradoiro.
Cansadas, sí, pero orgullosas y con la cabeza alta; mentalidad olímpica y competitiva por encima de todo, como explicaba la seleccionadora nacional, Anna Tarrés. Y la sonrisa puesta, pase lo que pase. Núñez Feijoo improvisó en la recepción oficial un discurso de viernes, raro, con frases del tipo «más deporte y menos ansiolíticos»; o «si la gente hiciera más deporte generaría menos gastos a la sanidad pública». Fotos de familia, regalos... Un USB con forma de flecha del Camino de Santiago, una camiseta, una libretita... merchandising peregrino. Feijoo, impasible ante la estampa dolorida de las peregrinas nadadoras, aún las animó, sañoso, a que completen la ruta jacobea toda, desde Roncesvalles.
Recuerdos
Después le tocó al alcalde ponerse en la piel de las sirenas machacadas. Y recordó aquel año del 2006, cuando él mismo se calzó las botas de siete leguas y se metió entre pecho y espalda el Camino de Santiago entero: «Entiendo cómo estáis», dijo. Y les pidió a las chicas que se conviertan en embajadoras de Santiago allá donde vayan y donde triunfen que, más o menos, viene a ser lo mismo.
Le quedó a Conde Roa un poco forzada la comparación de las peregrinas con el Apóstol, que primero predicó a pie por la península Ibérica y después, de muerto, regresó para quedarse a través del mar. Agua, mar, piscina... Pero la intención era buena.
Las nadadoras todavía aguantaron la subida de las escaleras a la catedral para pedirle éxitos al Apóstol, sobre todo en los Juegos Olímpicos del 2012. «No va a ser fácil solo por haber llegado a Santiago; habrá que trabajar», le aclaraba Mengual, capitana del equipo nacional, a Juanma López Iturriaga.