La etapa del viento lateral, ese que sopla del Oeste hacia el mar del golfo de León, podría haber provocado más diferencias entre los líderes que las jornadas pirenaicas. Si en cabeza se acelera a la vez que se echan a la cuneta hacia donde da el viento, dejando hueco para pocos ciclistas, los cortes no tardan en suceder. A los que no caben de lado les toca ponerse en fila india hasta que las piernas no dan para más y se descuelgan. Para evitarlo, lo ideal montar otro abanico y así perseguir organizadamente en lugar de luchar a la desesperada.
Es una situación si cabe más emocionante que la de ataques en montaña; y me refiero a ataques de verdad, no a los amagos de este Tour. Etapas con abanicos han tenido en algunas vueltas más trascendencia que las de montaña o contrarreloj. Pero no, aunque ayer el pelotón se llegó a estirar por el fuerte ritmo de los HTC, solo los más débiles o maltrechos perdieron contacto. Yo esperaba que el Leopard intentase la maniobra, pero ha sido una nueva decepción en un Tour al que le quedan dos etapas de media montaña, dos con final en alto -jueves, con el Galibier, y viernes, con Alpe D?Huez- y la contrarreloj del sábado. Esperemos que en ellas se desentierre el hacha de guerra; porque si no, apaga y vámonos.