El próximo jueves, con La Voz, una nueva edición de la Guía de Másters de Galicia
En un sorteo de competición futbolística, cuando no entra el equipo de uno, el seguidor sigue los emparejamientos sin esa tensión que siente ante la buena o mala suerte que a priori él mismo le concede a su equipo, porque lo de la buena suerte queda aparcado hasta el partido de vuelta. Antes de comentar el Deportivo-Levante de mañana, quiero decir que el sorteo de la Champions no pudo resultar más breve ni falto de interés, salvo para quienes ardían en deseos de ver enfrentados a los dos equipos españoles. Me decepcionó. Esperemos que no suceda otro tanto mañana, en lo que a los deportivistas se refiere porque en el fútbol, el disgusto de unos significa alegría para el bando contrario. Es la emoción que tanto se valora en el fútbol y a la que me refería al principio de este comentario. Si el sorteo europeo no alteró mis sentimientos, otra cosa sucede en el caso del Deportivo frente al Levante. Muy diferente, sin decir más.
Si acaso, y antes de terminar, señalar que los más veteranos aficionados coruñeses guardamos del Levante, futbolísticamente hablando, un recuerdo muy amargo que se remonta a la temporada 1962-63. Si, como espero, ahora el Deportivo supera favorablemente esta situación, quizá volvamos sobre aquella otra tan amarga y muy lejana.