Cuesta encontrar deportistas que hagan pública su condición de diabéticos. Como sucede con otras patologías, pesa en esta situación el hecho de que en su entorno puedan ser identificados como más vulnerables o con sus cualidades disminuidas, cuando no es el caso. Conviene distinguir entre diferentes clases de diabetes. La de tipo 1 se puede manifestar en deportistas profesionales, mientras que la de tipo 2 es más rara en atletas, pues está asociada, en un 80% de los casos, a la obesidad, y a personas de edad.
El deporte no está contraindicado para personas con diabetes tipo 1, sino que resulta recomendable practicarlo, sobre todo en el caso de especialidades de tipo aeróbico. Quedan excluidas disciplinas de riesgo como el montañismo o el submarinismo, en las que un bajón de glucosa puede provocar la pérdida de conciencia o temblores que, en esas circunstancias, pueden resultar fatales.
Un diabético puede practicar deporte profesional, salvo que sufra descontroles metabólicos -cuando hay una descompensación hiperglucémica o cuerpo cetónico-. En todo caso, requiere un mayor autocontrol. El futbolista o baloncestista afectado debe realizar un buen seguimiento, con la realización de autoanálisis, controles de glucosa en el dedo, para conocer como se encuentra. En su caso, reulta más difícil calcular la dosis adecuada de insulina y la ingesta en relación con la actividad física.