Primer tiempo excelso, segundo con sufrimiento. Reválida superada ante el Betis, pero un empate que saca de los puestos de ascenso directo al Celta. Podría ser el telegrama de un partido en donde el equipo vigués confirmó que va en serio.
Paco Herrera redobló su apuesta por Álex López y su acierto fue pleno. En un primer tiempo primoroso, pleno de intensidad y fútbol, con el líder empequeñecido el ferrolano le dio ventaja en el marcador al equipo gallego superada la media hora. Su primer tanto en el fútbol profesional era un escaso rédito al juego vibrante del Celta. Los vigueses ahogaron a través de la presión al rival, Emaná fue un juguete en manos de Bustos y Rubén Castro ni se atrevía a mirar al área contraria. De hecho los béticos se fueron al descanso sin realizar un solo tiro a portería.
Pero todo el esfuerzo del cuadro vigués se redujo a una exigua ventaja. De Lucas, que al final salió de cara tras un mes parado, pudo abrir la lata en la primera jugada, pero le pesó la inactividad. David Rodríguez cabeceó solo y mal en la jugada siguiente. Acto seguido los laterales del Betis cometieron un doble manotazo dentro del área que el árbitro se fumó, más tarde fueron Trashorras y Hugo Mallo quienes lo intentaron de media distancia. Semejante asedio e intensidad -los celestes robaban el balón con asiduidad- tan solo podía ser preludio del gol, y el tanto llegó elaborado por la factoría de Barreiro. Hugo Mallo se llevó el balón (utilizando su brazo derecho), se comió toda la banda y su centro hacia atrás fue empalado con el alma por Álex López. Golazo y preponderancia en el marcador.
Con el partido cuesta arriba y con el líder poniendo en duda todas las bendiciones estadísticas, Mel tiró de fondo de armario. Se acordó que entre los suplentes tenía al pichichi de la categoría del curso pasado -¡vaya lujo!- y Molina fue uno de sus dos cambios. Obligado por las circunstancias el cuadro andaluz asumió el peso del partido y por fin de adueñó del balón, en gran medida porque el Celta dio un paso atrás para guardar el resultado.
Sin embargo, antes del empate los vigueses tuvieron el golpe de gracia. Trashorras, que se estaba erigiendo en un maestro del escondite con el balón y como provocador de faltas tácticas culminó una contra con un disparo a la madera. Antes ya había puesto a prueba a Goitia.
Indultado, el Betis no necesitó mucho para empatar. Un balón de Salva Sevilla, tan activo como fallón, fue aprovechado por Rubén Castro para fabricar el tanto del empate. Él solito se dio la vuelta dentro del área y buscó un disparo imposible para Falcón.
Y aunque Emaná se lesionó en una llegada franca que le pudo dar el segundo -el camerunés y Salva fallaron con la portería a cero- lo cierto es que los béticos estuvieron más cerca de la victoria. Encontraron espacios por los costados ante un rival extenuado y en la reserva por el esfuerzo del primer tiempo. Aún así hubo un par de arreones desde el costado de Dani Abalo que hicieron pensar que el sueño era posible. El empate postrero puede sonar a premio menor pero también puede ser oro.