El triunfo del yerno ideal del golf

DEPORTES

Mickelson, que encarna los ideales de la afición americana, ya figura entre los grandes nombres del Masters

13 abr 2010 . Actualizado a las 12:05 h.

Mr. Birdie cerró su tercer título en Augusta ganándole un golpe al hoyo 18, haciendo honor a su apodo. Viendo sus dos últimas vueltas en el Masters, donde logró su tercer título con un festival de juego, seguridad y cercanía con el público, cuesta pensar que Phil Mickelson cargase durante años con la etiqueta de perdedor. El mejor golfista sin un major , le decían al zurdo de San Diego hasta que en su visita a Augusta del 2004 salió vestido con su primera chaqueta verde. Antes tuvo que disputar otros 43 torneos del Grand Slam.

Mickelson es el yerno ideal del golf. Encarna todos los valores de la tradicional afición americana. Blanco, licenciado en Psicología por la Universidad de Arizona State, cortés con el público y padre de familia, desde adolescente apuntaba un futuro prometedor por su talento. La afición quería aclamarlo como el gran jugador que era, aunque pequeños detalles le frenaban en las grandes citas.

Claro que la presión del golf aprieta, pero no ahoga. Así jugó el domingo como si tal cosa. Con una tarjeta con cinco birdies , sin un solo error, superó por tres impactos al inglés Lee Westwood, y por cinco a Tiger Woods, cuarto. El hoyo 13 representa su forma de jugar, agresiva, desenfadada. Con su bola sobre la pinaza, entre árboles, lejos de un green protegido por el agua y los bunkers, charlaba con su cadi sobre la conveniencia de tirar a la bandera o jugar un golpe más conservador. Mickelson convenció a su consejero, arriesgó y, con un golpe magistral, dejó la bola lista para un eagle que finalmente no quiso entrar. Fue el momento de la jornada.

Con el triunfo, Mickelson ya está entre la aristocracia del Masters. Iguala los tres títulos de Jimmy Demaret, Sam Snead, Gary Player y Nick Faldo y se queda a uno solo de los cuatro de Woods.

Cerca de cumplir los 40, su triunfo tiene una bonita historia de superación detrás. La pasada primavera, a su mujer, Amy, le diagnosticaron un cáncer, la misma enfermedad que semanas más tarde sufrió su madre. Las dos veces abandonó Phil momentáneamente la competición, y la última se borró del Open Británico. Por primera vez desde la pelea contra la enfermedad, en Augusta le acompañaron su mujer y sus hijas. Su esposa le esperaba junto al green del 18, secando sus lágrimas.

«Para mí es un torneo muy especial después de todo lo que tuvimos que padecer el año pasado con la enfermedad de Amy, mi mujer», explicó después de abrazarse a ella.