Lejos de clarificar el panorama, el Celta se ha metido en un buen lío. Tan grave, que hoy puede caer a puestos de decenso como penitencia por su mísero empate ante un Recreativo que llegó de paseo a Vigo y se encontró con el gol en un lance a balón parado, una de las muchas lacras del equipo de Eusebio. Como de costumbre, los vigueses controlaron el partido, tuvieron sus ocasiones e incluso se adelantaron en el marcador, pero no fueron capaces de cerrar el partido.
El Celta incidió en el camino que lo llevó al triunfo ante el Córdoba. Más balones largos, menos conducción y mayores dosis de pragmatismo balompédico. Por ese sendero el cuadro vigués tuvo el balón y llegó con asiduidad a los dominios de Guaita, casi siempre bajo la dirección de Trashorras, pero con el resultado de siempre. Mucho ruido y ninguna definición.
La ocasión más clara de todo el primer acto fue a balón parado. Con una falta botada desde la frontal por Trashorras que golpeó en el travesaño. Túñez también avisó con un par de cabezazos en estrategia, Botelho desperdició un par de visitas a la línea de fondo y Roberto Lago no pudo culminar otra galopada por la izquierda. En el parte de guerra no aparece Cellerino, la gran novedad en el once, pero al argentino hay que reconocerle su estirpe de pívot grande. Siempre de espaldas, generando espacios y dibujando algún pase desde el balcón del área.
Haciendo mucho menos, el Recre pudo irse al descanso con ventaja. En la única indecisión defensiva local Braulio metió la puntera para envenenar un balón que sacó Falcón con una mano prodigiosa.
En el descanso, Raúl Agné dio entrada a Dani, el futbolista más odiado por Balaídos, pero quien golpeó fue el Celta. Lo hizo por mediación de Trashorras, el pichichi con cinco goles, tras una combinación con Cellerino. El de Rábade marcó con sutileza por el palo corto.
Con un rival ausente, el tanto parecía encarrilar la contienda, pero antes de la hora de partido Papadopoulos vio dos amarillas en el margen de dos minutos y el Celta se quedó con diez, con un mundo por delante.
La inferioridad duró 16 minutos, el tiempo que Hevia Obras encontró un motivo para lavar su mala conciencia. Envió a la calle con roja directa a Troest. Durante el cuarto de hora de inferioridad, el Celta apenas sufrió, pero diez contra diez y a falta de cinco minutos llegó el odioso balón parado de cada jornada. Marcó Javi Fuego rompiendo el fuera de juego y deja al Celta contra las cuerdas.