Cuando el deporte es el pan de cada día, pero no da para comer

M. F.

DEPORTES

Compatibilizar trabajo y entrenamientos es el reto de muchos deportistas gallegos

22 feb 2010 . Actualizado a las 13:37 h.

Míriam García Dapena es soldado y se encuentra destinada en la 2.ª Compañía del Regimiento de Infantería Ligera Isabel la Católica N.º 29 (RIL 29), perteneciente a la BRILAT. Ingresó en las Fuerzas Armadas en el 2008. Tiene 26 años y ha vuelto a practicar el atletismo para proclamarse este año subcampeona gallega en los 800 metros

A sus casi 32 años, Ramón Ferro Dios es toda una institución en el piragüismo español, pero su condición de maratoniano le impide disfrutar del reconocimiento de otros colegas que atraen los focos y los beneficios de un piragüismo de pista incluido en el programa olímpico. Campeón de Europa de C-2, el canoísta de A Illa de Arousa luce además junto a su inseparable compañero Óscar Graña tres subcampeonatos y dos bronces mundiales, y dos platas a nivel continental. Una meningitis días antes del último Mundial apartó a Ferro de una cita en la que él y Graña estaban llamados a destronar al eterno barco campeón del húngaro Csabai

Cada día es una batalla contra el crono. Una carrera de obstáculos. Una lucha. Para algunos astros del deporte, las jornadas son entrenamientos y buena vida. Pero, en muchos casos, el esfuerzo físico es un paréntesis diario en su vida laboral. Disciplinas como el atletismo, el piragüismo, la halterofilia o incluso el fútbol esconden en Galicia una batalla soterrada diferente a las grandes guerras de egos, focos y millones. La de compatibilizar el trabajo y el deporte. Equilibrismo en tiempos de crisis. Una heroicidad.

«Cuesta estar a la altura en los dos», confiesa Carmenza Delgado, campeona de España de halterofilia y limpiadora. Llegó de Colombia, donde vivía para el deporte. «Dormir, entrenarme, comer, entrenarme y dormir», señala. En España ha pasado por una empresa láctea y una pastelería. «Ahora es más llevadero. Antes llegaba a hacer diez o doce horas diarias y luego tenía que entrenarme», dice.

El deportista a tiempo parcial necesita el guiño de sus jefes para que encajen las piezas de la rutina. «En mi unidad me facilitan la oportunidad para entrenar, y tengo buenos compañeros que me ayudan. El entrenamiento se complementa con mi condición de militar, en la que es necesaria una buena condición física. Fuera de los horarios de trabajo me entreno hasta siete días a la semana», explica Míriam García, soldado y subcampeona gallega en los 800 metros. Además, es madre de un niño de tres años. «Es una Superwoman », dicen en su entorno. Como la ultrafondista Ana María Ferradás, que trabaja como cajera en un supermercado. O la lanzadora de disco Mercedes de Santaló, profesora de educación especial.

Y hay más de un Superman . Luciano Prego labra la piedra y da brillo a su palmarés de remero. Daniel Bargiela trabaja en una fábrica de cemento mientras apuntala sus cimientos de triatlón. Todos tienen su doble ración de sudor.