La pasión que empezó en los sesenta

DEPORTES

España emergió en la Davis en 1965. «Nos preparamos para hierba en una pista de hockey», recuerda Orantes. Gimeno , Corretja y Verdasco también repasan anécdotas

02 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Si hay que fijar una época fundacional del tenis como fenómeno social en España, estará en los años sesenta del siglo pasado. Entonces, con las finales de la Copa Davis de 1965 y 1967 en Australia, se descubrió para el gran público un deporte que solo contaba con 1.200 licencias. Cuatro de los protagonistas de las tres generaciones que llegaron a la final explican para La Voz anécdotas alrededor del torneo.

El prólogo para España lo puso Andrés Gimeno, que debutó en la Davis en 1958. Después de ganar el Trofeo Godó en 1960, ya entre los mejores del mundo, se convirtió en el primer tenista español profesional. Se cerró así las puertas de los cuatro torneos del grand slam y de la Davis.

El profesional arrepentido

«Me arrepentí muchas veces de dejar el campo amateur . Durante ocho años no pude defender los colores de España y creo que, junto a Manolo Santana, podíamos haberla ganado varias veces la Davis», explica Gimeno, a los 72 años.

El jugador catalán siguió por la radio, de madrugada, la final de 1965 en la hierba de Sídney: Australia-España. Entonces, el ganador elegía sede y superficie para defender el título frente al aspirante en la challenge round . Manolo Santana lideraba un equipo que completaban Juan Gisbert, José Luis Arilla y Juan Manuel Couder. Fred Stolle y Roy Emerson en los individuales y John Newcombe y Tony Roche en el doble sentenciaron en dos días la eliminatoria, que terminó con 4-1 para Australia.

Campeón del mundo júnior, Manolo Orantes reforzó el equipo español tras la retirada de Couder. España repitió final contra Australia en 1967, de nuevo en hierba, esta vez en Brisbane. «El tenis y el mundo eran muy distintos. Aquí no había pistas de hierba, y nos preparamos en una cancha de hockey sobre patines que tenía el Barcino, porque resultaba lo más parecido», explica Orantes entre risas. España había superado siete rondas -frente a las tres que se necesitan ahora- para llegar a la final.

«Seis escalas y 40 horas»

En los sesenta, muchos de los grandes jugadores de la época no acudían al Open de Australia. Hacia las antípodas partió el conjunto español con veinte días de adelanto sobre la final. «Viajar allí era una odisea. El viaje tuvo seis o siete escalas y tardamos casi 40 horas en llegar. Lo hicimos con mucha antelación para entrenar algo en hierba», añade Orantes, que con 18 años se vio envuelto en todo un acontecimiento. «Imponía. En aquella época el campeón jugaba solo la final y en sus pistas. El tenis australiano era muy superior. Santana perdió con Emerson, y yo con Newcombe. Después, Newcombe y Roche, la mejor pareja del mundo, nos ganó el doble. El último día jugamos mejor. Yo le gané un set a Emerson y Santana logró el último punto», recuerda Orantes.

Aquella eliminatoria cambió la carrera del granadino, que fue seducido por el capitán australiano, Harry Hopman. «Era el mejor entrenador del mundo, y le pidió a la federación que me quedara dos meses para entrenar con ellos. Estuve allí hasta marzo y aquello fue fundamental para mi carrera», explica.

Orantes se unió después a Gimeno en el equipo, cuando el tenis federativo se abrió a los profesionales. Pero el granadino no jugó la semifinal de 1972 contra Estados Unidos en Barcelona. «Gané mis dos individuales [contra Stan Smith y Harold Solomon], pero se nos escapó el doble y perdimos por 3-2. Podíamos haber ganado la Davis ya ese año, pero...», lamenta el catalán.