Una gran orquesta frente a un grupo con extraordinarios solistas. Barcelona-Madrid. El clásico. El duelo de dos gigantes y dos modelos que se escenificará hoy en el Camp Nou. Un choque distinto, suficiente en sí mismo para convertirse en el salvavidas o el lastre de los contendientes. En juego, mucho más que tres puntos, mucho más que el liderato sobre el tapete verde.
El partido pilla a algunas de las estrellas a media luz, ya que Cristiano Ronaldo, Leo Messi y Zlatan Ibrahimovic llegan tocados debido a las lesiones. En los planes de los entrenadores parecen entrar el portugués y el sueco. Con Ibrahimovic en el campo, Henry pasaría a la izquierda e Iniesta acompañaría a Xavi. La gran incógnita reside en la participación de Messi. El barcelonista parece haber pagado sus desencuentros con Argentina con un bache físico y mental. Josep Guardiola ha dejado entrever la posibilidad de reservarlo. El Inter de Milán, líder de la Liga italiana, ya cayó en un Camp Nou huérfano de Messi y de Ibrahimovic. La cadena de montaje de fútbol que es el Barça no se detiene si funciona la brújula de Xavi e Iniesta. Aprovechando la fuerza centrífuga de esta rutina, Pedro, un jugador en las antípodas de los galácticos, puede saltar desde la suplencia para convertirse en el héroe de un gran duelo continental. Es un espíritu similar al que llevó a la selección española al cetro europeo.
El Barça es un equipo que se ha cocinado lentamente, donde gran parte de sus jugadores clave transitan de abajo a arriba, de la cantera hacia el firmamento. Ese ha sido el viaje de hombres como Piqué, Xavi, Iniesta y Messi.
Caminos diferentes
Es una trayectoria diferente del camino elegido por el club merengue en la segunda etapa de Florentino Pérez. En la casa blanca muchos de los futbolistas considerados imprescindibles llegan ya caídos desde el cielo del fútbol mundial, con títulos y Balón de Oro incluidos. Talentos contrastados. Más curtidos, pero menos maleables para crear un grupo, un todo perfecto que engulla las partes.
Este Madrid es un artefacto lujoso y sofisticado, pero que todavía no ha sido ensamblado. Sin el juego envolvente de su rival, practica una guerra de guerrillas. Fogonazos de talento que todavía buscan un hilo conductor. La parada de Casillas. El pase de un Kaká que afina, pero como solista. La bicicleta y el lanzamiento de falta de Cristiano Ronaldo. Los goles de un Higuaín que precisamente hoy puede caerse del once... Quizás mejorable para el paladar de su afición, pero siempre temible para sus rivales.
Con estos argumentos, el cuadro de Manuel Pellegrini ha logrado dominar la estadística y ascender así al liderato. Pero ha caído en los duelos directos con rivales de entidad que ha disputado esta temporada. Cedió ante el Sevilla y fue derrotado por el Milan más descafeinado de los últimos tiempos. Esos dos traspiés generan dudas sobre el rendimiento merengue en las grandes citas. Porque la abultada derrota sufrida ante el Alcorcón se sitúa fuera de toda lógica y medida.
El Barça, asfixiado por su propio éxito, vio amenazada su continuidad en Europa. Ante el Inter no le tembló el pulso. Pero este duelo es diferente. Al margen de otros guiones paralelos. Es el clásico.