Los técnicos hablan mucho con el canterano «para explicarle el proceso en el que está», y Sergio dice que el vestuario intenta transmitirle confianza con vistas a su debut
26 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.A principios del 2001, La Voz recogía en sus crónicas del trofeo Caixa Galicia de selecciones territoriales que un tal Juan Domínguez (Pontedeume, 1990) brillaba con la camiseta de Ferrolterra de fútbol 7. Aquel pequeño del Narón subió peldaños, cambió al blanquiazul del Deportivo y Caparrós se lo llevó a la concentración de Isla Canela en el 2006. Se estrenó en el primer equipo con seis minutos contra el Lepe, sustituyendo a Arizmendi. Tres años después fue protagonista en la pretemporada. Lotina lo incluyó en el primer equipo. Pero no ha jugado ni un minuto en la Liga. ¿Por qué? ¿Acaso se tambalea su trayectoria?
Todo lo contrario. No hay dudas al respecto. «Tiene nivel para asentarse en Primera. Posee mucho control de balón, en situaciones de presión, de conducción. Es difícil quitárselo. En recepciones complicadas, con gente presionándolo, se desenvuelve muy bien. Su manejo de los espacios es muy bueno. Pone el cuerpo y ocupa el espacio en el momento oportuno. Es talento», avanza el segundo técnico deportivista, José Luis Ribera, que recalca que en estas semanas se juegan los plazos de toda una carrera profesional. «Por eso, creemos que las cosas deben ir con calma. Y si hasta ahora no ha sido, es porque no era su momento o hay compañeros que están mejor para la competición. No pensamos en plazos. Será lo antes posible», añade.
Elegir el momento
Los técnicos acuden a su intuición y experiencia. Ellos decidirán el futuro de la perla gallega. Psicología al servicio del fútbol. «Nunca se sabe si apurarlo le perjudicará. No es fácil saber cuál es el momento adecuado. El futbolista siempre quiere llegar lo más alto lo más rápido posible. Nosotros debemos ver qué tipo de persona y jugador es, las circunstancias, para que no sea entrar y desaparecer», resume.
Primero, el juego: «Le corregimos mucho, sobre todo posiciones, la intensidad sin balón, el ritmo. No debe estar sin competir, pero el primer paso es entrenar. El balón va más rápido que en otras categorías, donde el rival es menos capaz de enviarlo a sitios donde ahora sí llega».
«Nosotros y sus compañeros hablamos mucho con él. Para dejarle lo más claro posible cuál es el proceso en el que está inmerso, y por qué hacemos las cosas. Tratamos de que sea natural. Que esté cómodo en los dos equipos. Tito Ramallo colabora en ello. Que el Fabril no lo sienta a él como un extraño que solo llega a jugar», relata Ribera. «Es bueno que coja responsabilidades, pero hay que tener mucho cuidado, para que no sienta que pasa un examen, -como sucedió con Fabricio-. Que no intente hacerlo todo para demostrar», concluye.
Los veteranos
Los futbolistas más experimentados trasladan el discurso al vestuario. Sergio González (Hospitalet, 1976) actúa en la misma posición que Juan Domínguez y vivió una situación similar hace quince años, con la camiseta del Espanyol. Parafrasea a un ex entrenador: «Según cómo tratas la bota, se sabe si te vas a dedicar a jugar al fútbol». Y Sergio tiene la certeza absoluta del éxito del gallego.
«Solo le falta un poco de confianza. Debe eliminar sus dudas. Seguro que le está afectando, pero las oportunidades en el primer equipo debe tomarlas como un premio, no como un examen. No debe pensar que si falla se irá al Fabril, porque en realidad él ya es jugador del filial. Lo último que debe hacer es darle vueltas a la cabeza», describe. «A veces, cuando lo vemos cabizbajo, le preguntamos si está bien. No podemos jugar por él, pero intentamos que esté con ganas y tranquilo», dice.
«La familia debe actuar y apoyarlo, no presionarlo poniéndole exigencias excesivas. A veces lo pasas peor por tu familia que por ti mismo, por las expectativas que creas», apunta.
Sergio relata su momento: «Con 18 años debuté en Copa y entrenaba con el primer equipo. Parecía que iba a ser el elegido para la Liga. Se fue Camacho, llegaron Carcelén, Miera y no les salió bien, y luego Paco Flores. Miró al filial y todos apuntaban a mí para ir al primer equipo, pero subió a Morales. Claro que te fastidia, pero no puedes llegar a casa llorando, sino confiar en ti. Juan Domínguez debe tener confianza, que se diga a sí mismo que es muy bueno. Es la única forma de que saque lo mejor de sí».