Cristiano Ronaldo es uno de los mejores futbolistas del mundo. Regatea, entra por la derecha, por la izquierda, saca faltas, remata de cabeza, chuta desde todas las distancias y, sobre todo, mete goles y decide partidos. Es muy bueno. ¿El mejor? Pocos son, en cualquier caso, los que le discuten tal condición. Quizá solo Messi.
La valía deportiva del portugués está fuera de toda duda. Como lo está la grave crisis económica y la calamitosa situación del fútbol. En el peor momento histórico de este deporte, con los clubes, incluido el Madrid, metidos en un pozo de deudas descomunales, Florentino Pérez va contracorriente y hace las mayores inversiones que se han registrado en la historia del balompié. Los más de quince mil millones de pesetas por Ronaldo y los casi once mil por Kaká producen vértigo. Y un cierto desasosiego y preocupación por el futuro de un país que con cuatro millones de parados es capaz de aplaudir una indecencia de semejante calibre.
¿Cómo se pagará este traspaso? El cuento de la mercadotecnia cala entre los fieles e ilusionados seguidores merengues. De repente, solo Florentino Pérez conoce la fórmula de ganar dinero vendiendo camisetas. Si el asunto fuera tan sencillo como fichar estrellas de relieve mundial a cualquier precio y hacer una caja infinita con la explotación de su imagen, todos andarían en las mismas. Pero no es así. El coro mediático que acompaña a Pérez recuerda continuamente que el fichaje de Beckham fue una fábrica de billetes. Se usa como prueba del algodón para demostrar que la política galáctica es el maná. Pero los números nos presentan otro escenario. Si el rubito inglés generó, dicen, 400 millones de euros, ¿cómo se explica que Florentino cogiera un Madrid con una deuda de 227 y se fuera con otra de 442? Y todo ello después del pelotazo de la ciudad deportiva que supuso 433 millones extras. Pérez duplicó la deuda a pesar de Beckham y su márketing y de los más de 70.000 millones de pesetas de la operación inmobiliaria.
El presidente del Real Madrid no reinventó entonces el milagro de los panes y los peces. Ni lo hará ahora. Gastará lo que no tiene vía crediticia y aumentará las pérdidas todos los años. Aguantará la situación si consigue algún título, pero reventará si no gana nada, como le sucedió en sus últimas tres temporadas de la etapa anterior.
En realidad, lo de Pérez no es un modelo de club o de gestión empresarial. Es una forma de comprar el éxito a cualquier precio. Incluso para los que adoramos el fútbol, una indecencia de 94 millones de euros.