Un Barcelona para recordar

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Este Barça será recordado. Con su juego, ya había repiqueteado en las puertas de lo memorable. Con los resultados, deja poso más allá de las retinas, de las imágenes enlatadas para insaciables degustadores de fútbol. El equipo azulgrana, con su 2-6 en el Bernabéu, se abrió hacia la historia. Aquel por el que solo transitan los conjuntos que dejaron una huella imborrable con sus botas y que le dan nombre a un estilo e incluso a una época.

El Barcelona es un equipo más coral que aquellos otros que marcaron el campeonato en el pasado. No es el Barça de Messi, como aquel Madrid de los cincuenta era el de Di Stefano o aquella quinta de los ochenta era la del Buitre. Aunque a veces Leo Messi ilumine con un destello el terreno de juego, nadie se atreve a cuestionar que el corazón del cuadro culé late con los impulsos de Xavi e Iniesta. En esta sinfonía ofensiva tiene más en común con los Cinco Magníficos del Zaragoza.

Sin propiedad intelectual

Tampoco es este conjunto propiedad intelectual de Guardiola, como lo fue de Cruyff aquel engranaje del dream team que sentó cátedra en los banquillos. Este Barça es de todos y de nadie. Como la selección española que ganó la Eurocopa con el mejor fútbol continental. Su éxito tiene muchos padres.

Di Stéfano fue, sin duda, el factótum del Madrid de las cinco copas de Europa. El sol de una galaxia que conquistó la gloria continental, alcanzada después también por el Madrid ye-ye . Ese territorio todavía tendrá que explorarlo el Barcelona de Guardiola, cuyos escollos serán el Chelsea, su reverso futbolístico, y el Manchester.

Europa fue la asignatura pendiente de la Quinta del Buitre. El quijotesco Butragueño se encontró con un gigante. El Milan de Sacchi, con Baresi, Rijkaard, Gullit y Van Basten. Pero en España la quinta reinó con fútbol y cinco Ligas.

El Barcelona de hoy va camino de su primera conquista liguera. Ya tutea al dream team en las preferencias futbolísticas y lo batiría si se comparase la calidad línea por línea. Además, ha conseguido relegar al olvido a un jugador cuya marcha hundiría en la añoranza a cualquiera: Ronaldinho. Pero el Barça detectó que Ronnie y Deco eran el problema y no la solución. Cirugía de lujo. Porque, lejos de saturar su firmamento con la incorporación de estrellas ya manufacturadas, gran parte de su talento fue amasado en su propia cantera. Por el Bernabéu desfilaron ocho jugadores que se gestaron en La Masía: Valdés, Puyol, Piqué, Xavi, Iniesta, Messi, Busquets y Bojan. Messi creció literalmente en el vivero azulgrana. El último gran fichaje mediático de los culés fue Henry. Y aunque el francés ha despejado la etiqueta de prejubilado con la que llegó, no es una pieza imprescindible de Guardiola.

El Barça es un nuevo regreso a las esencias del balón. Sus goles y rondos tienen sabor a otros tiempos, con otras defensas, otro ritmo. En el reino del fútbol físico triunfan los pequeñitos. Será recordado. Aunque solo sea por esta Liga, por este partido.