El fenómeno sin techo conocido que visitó Vigo

Nadal mejoró su movilidad y servicio, progresó en pista dura gracias al resto y a la agresividad. Pero la clave es su entorno


Nadal llegó en el 2002 a Vigo para jugar un torneo satélite de la ATP, ya rodeado de una enorme expectación por la progresión que llevaba de niño. Nunca había visto a un chico de 16 años con la madurez, capacidad de concentración y reacción de Rafa. De fondo ya pegaba la derecha con una aceleración espectacular. Subía a la red y voleaba algo, aunque en la final que le ganó a Antonio Pastorino apenas lo hizo. Era un niño. El médico Genaro Borrás tenía que darle sus impresiones al futbolista Miguel Ángel Nadal, tío de Rafa, y me consultó. Mis únicas dudas estaban en su servicio, que podía jugar más agresivo. En los entrenamientos lo pegaba más plano, pero en los partidos lo aseguraba con mayor efecto.

Mejor movilidad

Con posterioridad, Rafa mejoró ya muchísimo su movilidad de desplazamientos. Dos años después, volvió a Vigo Toni Colom, el ayudante de Toni Nadal, quien ya estaba satisfecho con las mejoras de su pupilo en el servicio, aunque todavía lo pegase con demasiado efecto, algo que no le perjudicaba al jugar en tierra batida. No tardó mucho en progresar más con el saque. Pasó por los torneos de pista dura de Toronto y Cincinnati sin grandes resultados, pero plantando batalla ante Juan Ignacio Chela y Lleyton Hewitt. Servía ya, aunque no con tanta asiduidad, por encima de los 200 kilómetros por hora.

El entorno perfecto

Después llegaron sus triunfos en Sopot, el primero de su carrera. Su tenis crecía pero otra cuestión clave no cambiaba, gracias al papel que jugó su familia para ayudarle a mantener la humildad, disciplina y educación de siempre. A través de Toni Colom, seguía su trayectoria. Y me contaba que mantenía el mismo entorno de amigos de siempre. Y que, cuando llamaba a casa, su voz no cambiaba por ganar o perder, ni variaba el tono que escuchaba al otro lado del teléfono. Pudo crecer con tranquilidad y sin presiones desproporcionadas de sus íntimos.

Efectos en el servicio

Al ir haciéndose grande en tierra, casi fue inevitable que Nadal abusase de un primer y segundo servicios muy liftados. En arcilla, le llegaba para llevar la iniciativa. Eso le amaneró algo y le condicionó en otras superficies en los años 2005 y 2006, cuando logró sus dos primeros títulos de Roland Garros, pero aún no rendía sobre pista duras.

En esa clase de torneos, como el US Open y Australia, no hacía daño con el primer servicio y le atacaban sin disimulo su segundo. En Wimbledon lo cortaba y con los efectos que conseguía por ser zurdo, iba a más. Su capacidad para jugar bolas bajas le ayudó a crecer en hierba también.

Resto y agresividad

Nadal evolucionó luego sin perder potencial en tierra, donde encadenaba récords de imbatibilidad. Pulió aspectos en últimos años que le hicieron más competitivo en pista dura. Por una parte, mejoró su resto, y por otra comenzó poco a poco a ser más agresivo, sobre todo con el revés, que pegaba más largo. Ya no ganaba por desgaste o por llegar a todas las bolas del rival, sino que imponía su ritmo.

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