El mallorquín resistió al vendaval de tenis del madrileño, que revivió en el cuarto set, cuando parecía desfallecido
31 ene 2009 . Actualizado a las 02:39 h.Un partido memorable llevó ayer a Rafa Nadal a la final del Open de Australia al ganar a un heroico Fernando Verdasco por 6-7 (4), 6-4, 7-6 (1), 6-7 (1) y 6-4. El mallorquín llega al duelo con Federer ( Cuatro, mañana a las 9.30 ) reforzado por el triunfo en una batalla extenuante, el partido más largo de la historia del primer grande del año. El madrileño, en busca de una segunda oportunidad para ser una auténtica estrella, se quedó el corazón del público con un tenis a tumba abierta, agresivo, dejándose la piel, cojeando en el cuarto set antes de preparar su último ataque al número uno mundial. Su cuento de hadas terminó (¡ay!) con una maldita doble falta.
Como en todos los grandes partidos, decidieron los detalles después de cinco horas y cuarto de espectáculo. El primer set cayó del lado de Verdasco porque la cinta metió en la pista un revés cortado que volaba rumbo al pasillo en el penúltimo punto.
El balear, incómodo
Nadal se agitó al perder su primer set del torneo. Discutió con el árbitro, cambió y cambió de raqueta, y solo por unos instantes dejó ese semblante pétreo que lo convierte en el moderno hombre de hielo, como fue el anterior gran amo de la tierra batida, Bjorn Borg. En el último juego, cuando Verdasco lo sacó fuera de la pista con un sutil revés cortado, llegó lanzado para meter un drive asombroso y encarrilar el 6-4.
Podía ser el principio del fin del bonito intento del tenista de moda. Pero Verdasco dobló la apuesta, que hasta pareció suicida. Se lanzó al ataque de revés, de derecha, cuando se lo permitió el servicio de Nadal, que por entonces fallaba casi la mitad de sus primeros saques. Y le funcionó a costa de descoser el partido, con breaks continuos. Desatado, el madrileño voleaba con rabia bolas que iban fuera, atacaba todo... Solo el tie break le negó el set ante un Nadal práctico, sereno en la tormenta, a lo suyo, corriendo cuando debía y pegando cuando le dejaban.
A la tragedia de Verdasco se sumó después el dolor, que teatralizó saltando a la pata coja, molesto por un gemelo cargado. Quizá entonces pensó en el mantra que escuchó al preparador Gil Reyes este invierno, cuando añadió a su excelente tenis el físico y la cabeza de un ganador. Del sufrimiento nació su rabia para aguantar un maratón que beneficiaba a Nadal, el inagotable. Así ganó el madrileño, en otro tie break , el cuarto set, como si estuviera fresco.
En el quinto, el mallorquín merodeó el break desde el inicio, que Verdasco espantó a cañonazos con su servicio. Hasta el 4-4. Con 0-30 a su favor, el madrileño se golpeó el pecho y gritó «yes, yes, yes». Entonces se agrandó de nuevo la figura de gran campeón de Nadal, que encadenó ocho puntos en el momento de máxima presión. A Verdasco le afeó su gran espectáculo la doble falta que cerró el partido.
El error que decidió la batalla, con 193 puntos para el ganador y 192 para el derrotado.