El adiós de la mejor yudoca española

DEPORTES

Hija de un tratante de ganado de Santander, ha decidido retirarse poco antes ?de cumplir los 37 años después de completar dieciséis temporadas en la élite

09 ene 2009 . Actualizado a las 02:38 h.

En el pueblo de Torrellano todavía recuerdan a Aquilino, el tratante de ganado del pueblo, un emigrante llegado de Santander a tierras levantinas. Y a su hija Isabel, la niña que les servía la leche y que, de madrugada, ayudaba a su padre a cargar vacas a un camión verde. Isabel Fernández (Alicante, 1972). La misma que alcanzó el oro olímpico en Sídney. La que cumplirá 37 años el 1 de febrero y ha vivido ya 16 temporadas en la élite del yudo. La que ayer confirmó su adiós.

«Un podio más o menos no iba a cambiar mi palmarés», dijo ayer. Una consideración que solo puede permitírsela una deportista que ha sido campeona europea, mundial y olímpica, que colecciona medallas internacionales. La mejor yudoca de la historia de España había estado rumiando su despedida desde Pekín. La amargura de irse de los Juegos sin medalla precipitó su anuncio. «Quería una nueva medalla, pero otros han sido mejores. No me apetece seguir», dijo entonces, compungida tras su última derrota olímpica. Después, en frío, decidió pensárselo. Hasta ayer.

Empezó con seis años

Isabel Fernández pone fin a un largo camino sobre el tatami. En su pueblo solo podía practicar balonmano o yudo, en el que empezó a los seis años. Esa batalla la ganó el yudo. Prefirió un deporte individual. Depender de sí misma. Progresar. Y lo hizo rápido. A los catorce años conquistó su primer título nacional. «Entrenando solo tres horas a la semana», suele recordar cuando rememora aquella etapa. Se apuntó al Judo Club Alicante y aparcó los estudios universitarios para seguir avanzando en una vida deportiva «dura y a veces injusta», pero la que ella eligió «con sus consecuencias».

Su marido y entrenador, Javier Alonso, ha destacado siempre que «Isabel es una máquina de competir, una luchadora incansable». Su lema vital está íntimamente ligado al deporte que practica: «Si te caes, te levantas y sigues».

Ayer aseguró que todos sus recuerdos deportivos son buenos. Sus cuatro Juegos y, sobre todo, la medalla de bronce en Atlanta y la de oro en Sídney. Fue la orgullosa abanderada de la delegación española en los Juegos de Atenas y la digna perdedora en Pekín. Son hitos en una carrera repleta de laureles nacionales, continentales y mundiales.

Concejala por el PP en Alicante desde el 2007 y propietaria de un gimnasio con escuela de yudo, sus dos últimas temporadas se convirtieron en una sucesión de batalla para encajar cada jornada el deporte de alto nivel y la política en la misma agenda. Exprimió todos sus días y sus noches. Pero Isabel Fernández ha detenido ese carrusel para, como buena yudoca, tumbar el pasado y agarrarse a otro futuro.