Las sanciones por dopaje tienen sus daños colaterales. No solo le afectan a los tramposos sino a sus compañeros de viaje, y aunque en su día la sanción a Jerome Young (que era suplente) no afectó a sus relevistas, el Comité Olímpico Internacional ha cambiado la norma para reclamar a las compañeras de los dos relevos (4x400 y 4x100) de Mario Jones en Sídney que devuelvan las medallas de oro y bronce respectivamente, una decisión que se venía mascando desde hace tiempo y que las interesadas no han podido detener. En parte porque no han encontrado ninguna clase de apoyo. Ni en Estados Unidos, en donde su organismo olímpico había sido el primero en solicitar la devolución de los metales.
Un portavoz del Comité Olímpico señaló como determinante para la decisión que Mario Jones reconociese haber corrido dopada varias finales en los Juegos de Sídney. «La decisión está basada en hechos. Jones se dopó cuando formaba parte de un equipo que participó en las finales. Basándose en cuestiones legales, la comisión ejecutiva determinó aplicar su decisión al resto del equipo, esto es, descalificarlo», dijo en rueda de prensa Giselle Davies.
Las tres damnificadas
Las afectadas en el relevo largo, que consiguió el oro, son Jearl Miles-Clark, Monique Hennagan y La Tasha Colander, ninguna de ellas salpicadas en escándalos de dopaje.
Jearl Miles-Clark
(Gainesville, Florida, 1966) fue la encargada de iniciar el relevo 4x400. Al menos ella continuará en posesión de una medalla de plata, del mismo relevo, conseguida en Barcelona 92. Cuenta también con un oro al aire libre en el Mundial del año 2003. A nivel individual su techo llegó en la cita universal indoor del año 97 cuando se proclamó campeona del mundo de 400 metros. Monique Hennagan (Columbia, 1976), que asumió el segundo relevo, también se ha visto obligada a devolver el oro, pero se queda con una medalla idéntica conseguida en Atenas hace ahora cuatro años en el mismo 4x400. Formada en la Universidad de Carolina del Norte destacó desde categoría júnior con un oro en el relevo largo y un subcampeonato en los 400 metros. Desde entonces ha sido pieza clave en los relevos norteamericanos. La Tasha Colander-Richardson (Portsmouth, Virginia, 1976) cogió la posta de Mario Jones y fue la primera en entrar en la línea de meta. Ella saboreó la gloria del triunfo olímpico en primer lugar, pero curiosamente acaba de quedarse sin su única medalla. El oro de Sídney es el único que alumbra una notoria trayectoria, pero sin ninguna recompensa.
En el relevo corto, que se había hecho con el bronce, las damnificadas han sido Torri Edwards, también sancionada por el uso de estimulantes, Chryste Gaines -que apareció salpicada por el caso Balco- y Nanceen Perry.
Torri Edwards (Fontana, California, 1977) es la más conocida después de la propia Marion Jones. Suma oros y platas a nivel mundial en los 100 y 200 metros y en el relevo corto, pero su único metal olímpico ya no le corresponde, cuestión que se repite con Nanceen Perry (Farilfiedl, 1977). Chryste Gaines (Lawton, 1970) había ganado el oro en el 4x100 en Atlanta 96. Un consuelo para otra tramposa.