El deportivismo volvió a arropar al equipo en un momento delicado

La Voz

DEPORTES

10 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

No fue como el día del Valladolid, pero casi. El estadio se vistió de gala, pero sin trapitos. No hubo pancartas, pero sí muchas buenas intenciones. En las horas previas, el equipo volvió a sentir el aliento de la necesidad. Dos victorias solo han garantizado algún mes más de vida. La resurrección está por consumar y Riazor lo sabe. El fondo de general, hasta la bandera. El resto del estadio, hasta completar casi veinte mil. El Getafe no es un rival especialmente odiado, así que los cánticos se centran en animar al Deportivo. Los hubo para Fabricio y Wilhelmsson antes de que el sueco pisase el césped, pero también se acordó la grada de los errores de Verdú o de Juan Rodríguez. Pero la bronca de la noche se la llevó Uche. El nigeriano, con un precontrato con el Deportivo que no será suficiente para que juegue en A Coruña, centró las iras locales, elevadas a la máxima potencia cuando marcó el gol del empate. Al final, tensión límite por la incertidumbre del resultado. Éxodo masivo a falta de cinco minutos a pesar de lo apretado del marcador y tibios aplausos finales agradeciendo el esfuerzo. El partido de Valladolid fue la obra cumbre del hermanamiento afición-equipo. Lo de ayer, un ensayo general.