El presidente de la FIA quiere un límite presupuestario de 150 millones de dólares para cada equipo, un paso más en su cruzada para hacer más ecológico el Mundial
14 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Max Mosley, presidente de la FIA, llevaba años con su cruzada para ahorrar costes y volver ecológico el mundial de la fórmula 1. Pero no daba resultado. Los equipos han respondido a sus prohibiciones con la Ley de vasos comunicantes: tú oblígame a gastar la mitad en motores que yo derrocharé el doble en aerodinámica. Y la fórmula 1 continúa con su sangría de millones de dólares.
Pero el nuevo plan de Mosley tiene difícil escapatoria para las escuderías. El demiurgo del automovilismo quiere ahora fijar un tope presupuestario de 150 millones de dólares en los distintos equipos, medida que perjudica especialmente a Ferrari, McLaren o Toyota, que intenta resurgir de sus cenizas a base de talonario -se estipulan unos 600 millones de dólares en el presupuesto del 2008-.?Max Mosley se reunirá en febrero con los jefes de equipo para evaluar la medida. Una cosa ya ha adelantado: en ese margen de 150 millones quedan excluidos los gastos de motor, ya que buena parte de las formaciones recurren a su compra.
El ahorro ha estado presente en los últimos mundiales: un único proveedor de neumáticos (Michelin se retiró a finales del 2006); catorce juegos de ruedas para cada fin de semana; un motor para dos grandes premios; o una evolución de los propulsores congelada hasta el 2011. Este año se eliminan las ayudas electrónicas y se exige a la caja de cambios una vida de cuatro carreras. Pero no es suficiente.
Con este nuevo límite presupuestario el objetivo de Mosley es limitar el uso de túneles de viento y simuladores. Cada túnel cuesta unos 50 millones de dólares y consumen energía 24 horas al día para alimentar sus potentes turbinas. Al tiempo que la FIA imponía sus nuevos límites, los túneles de viento se hicieron más sofisticados, y por lo tanto más costosos, para elaborar coches rápidos.
Malestar de Ferrari
A falta de que llegue la reunión de febrero, Ferrari ya ha hecho público su malestar. «Habrá más discusiones sobre el tema, que es muy importante para la fórmula 1», dijo un portavoz de la escudería italiana. Por su parte, el nuevo jefe de Honda, Ross Brawn, aplaudió la medida asegurando que «un límite máximo de presupuesto brindaría a todas las escuderías la posibilidad de alcanzar sus objetivos». «Sería cuestión de los equipos si gastan cincuenta millones en los pilotos y cincuenta en el monoplaza o si gastan un millón en pilotos y 99 en el coche», añadió Brawn, ex ingeniero de Michael Schumacher.
2011, llega la revolución
Mientras las escuderías rumian las medidas que van cayendo a cuentagotas, Max Mosley prepara una revolución para el año 2011, regulando lo más sagrado, el chasis de los monoplazas. El pasado mes de junio remitió un fax a todos los equipos insinuando novedades en materia de aerodinámica con la propuesta de una carrocería tipo: «Si queremos un verdadero ahorro de costes en el chasis, una solución es un chasis totalmente estándar. Eso implicaría: todo fijado, con los trenes de potencia instalados de tal modo que todos los chasis tengan características aerodinámicas idénticas», señaló entonces el presidente de la FIA.
Otra de sus obsesiones es conseguir que la fórmula 1 vuelva a vincularse más de cerca con el mercado de vehículos utilitarios, de los que se alejó en los últimos años trabajando con tecnología aeronáutica. Por eso, entre sus mandamientos para el 2011, propone motores en V6 turbo de 2,2 litros (hoy son de V8 y hasta hace no mucho eran de V10), con 770 caballos de potencia (hoy ronda los 900) y un régimen de 10.000 revoluciones (hoy casi se duplica, con 19.000). El ahorro de combustible que prevé para entonces es de un treinta por ciento.