En Nueva Zelanda el rugby es una religión, el deporte nacional y el orgullo de una nación. Pero una vez más, los venerados Alls Blacks se han quedado fuera de la final de la Copa del Mundo, cuando, como casi siempre, eran los grandes favoritos. Un fiasco. Francia e Inglaterra protagonizarán una semifinal; la otra, Sudáfrica y Argentina.
Para Nueva Zelanda fue un domingo negro , aunque para Francia fuera un sábado glorioso . La diferencia horaria tiene esas cosas: mientras millones de franceses iniciaban tras la victoria los festejos de una larga noche de sábado, en el otro extremo del planeta la derrota era la apertura de un domingo de silencio y tristeza.
Tras haber leído en las últimas dos semanas un par de libros sobre la Primera Guerra Mundial, Anton Oliver, uno de los jugadores derrotados, no encontró mejor símil. «Eso es lo que sentimos en el vestuario. Desolación, depresión, el aroma pútrido de la muerte», dijo Oliver, que acaba de leer Masacre en Passchendaele .
Inversión millonaria
«La hora más oscura de nuestra historia», tituló un periódico con letras blancas sobre un inmenso fondo negro. Gary Hermansson, psicólogo deportivo, aseguró que los All Blacks van a atravesar un período de duelo muy similar al que se da tras una muerte.
Las radios y webs de los periódicos fueron bombardeadas con mensajes de aficionados furiosos que culpan a los jugadores, los entrenadores y al gobierno, que invirtió 50 millones de dólares neozelandeses (unos 38 millones estadounidenses) en el intento de ganar el Mundial por segunda vez tras el título inaugural de 1987.
Hasta el ministro de Relaciones Exteriores, Winston Peters, perdió todo atisbo de diplomacia al calificar de «incompetente» al árbitro de la derrota, que definió como tragedia. «Ganar hubiera sido un gran impulso psicológico para nuestro país, y también económico», se lamentó. «Cuando la gente se siente mejor, produce más, trabaja más duro, sencillamente está más feliz. No le pegan a sus hijos ni a sus mujeres. Así que, sí, es una tragedia».
Para el psicoterapeuta Gordon Hewitt, los seguidores del rugby forman una tribu. «A través de la historia humana pertenecer a un grupo fue muy importante para la supervivencia. Y ahora es como si cada uno de nosotros estuviera en peligro, porque los franceses nos derrotaron».
«Se supone que es el asunto en el que los neozelandeses son los mejores del mundo, porque somos bastante invisibles el resto del tiempo», concluyó Hewitt.
No todos están de acuerdo con él. Tony Smith, periodista del grupo Fairfax, llamó a sus compatriotas a revisar algunas cosas tras la derrota en Cardiff. «Hemos perdido toda perspectiva acerca del rugby en Nueva Zelanda y su papel en la sociedad. De ninguna manera puede seguir definiéndonos como nación. Tan difícil de aceptar como suene, lo cierto es que somos mejores en remo, vela y deportes ecuestres que en rugby».
El deporte, parte de la vida
El psicólogo Hermansson coincidió en parte con Tony Smith: «Alguna gente piensa que el deporte es más grande que la vida. Y no lo es, sólo es parte de ella». «Esto no es el fin del mundo, hay muchísimas cosas buenas ahí fuera», añadió Marc Wilson, subdirector de la facultad de psicología de la Universidad de Victoria. Wilson llamó a los fans a no ignorar el resto del torneo y a apoyar a Sudáfrica, rival de Argentina en semifinales. Y pidió a todos que se relajen: «Pasen tiempo con sus hijos, llévenlos a pasear, jueguen con la pelota en el parque».