La debacle ante el Sevilla evidencia que el Real Madrid pasa por una crisis de identidad cuando sólo quedan cuatro días para el comienzo del Campeonato de Liga
21 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.En el mundo del fútbol hay una máxima que invita a evitar los experimentos cuando los resultados son satisfactorios. El Real Madrid hace caso omiso, y además persevera en la osadía. Sucedió en la etapa de Florentino Pérez con Vicente del Bosque y la historia lleva camino de repetirse después de que el locuaz Calderón optase por destituir a Capello. Hay una diferencia sustancial: el salmantino acababa contrato y no se lo renovaron; el italiano se fue con las alforjas desbordando euros. Y hay una coincidencia: en ambos casos la coartada fue la misma, la de buscar la excelencia futbolística.
Presidencia sin mesura
De Ramón Calderón podría decirse que es un presidente excesivo, sobre todo en el uso de la palabra. Últimamente mide más sus discursos, pero aun así sigue siendo víctima de esos excesos. Apuntó a Kaká, Cesc y Robben, y todavía no ha firmado ninguno; no tuvo empacho en decir que había cien millones para fichar, y así pasa lo que pasa cada vez que el Madrid se sienta a negociar. Demasiado locuaz.
¿Quién decide los fichajes?
Pedja Mijatovic, director deportivo, empezó como el hombre fuerte de Calderón. De José Ángel Sánchez, director general ejecutivo, se sabe que también ha intervenido en negociaciones de fichajes. Y más recientemente se ha incorporado a la secretaría técnica el ex entrenador del Racing de Santander, Miguel Ángel Portugal. No parece que haya química en el trío. Trascienden más los recelos.
Entre el qué y el cómo
Lo que pretende el Real Madrid lo resumió Ramón Calderón para justificar el cese de Capello y la apuesta por Schuster. Recordó que en el Bernabéu no basta con ganar, hay que dominar y agradar. Todo ello lo envolvió en un término: la excelencia futbolística. Lo que ya no está tan claro es la manera de alcanzar cotas tan sublimes. El técnico alemán llegó con las ideas claras. Quiere que su equipo tenga la posesión del balón, que aproveche las bandas, que lleve la iniciativa, que sea ambicioso y solidario en la puesta en escena.
A la hora de dar forma a esa filosofía afloran las contradicciones. Empezando por los fichajes. Metzelder, Saviola y Dudek, los tres con la carta de libertad en la mano, son como los artículos de marca que se compran en las rebajas sin que esté muy claro si se necesitan. Cuando menos, la pretemporada queda atrás y ninguno asoma en el once inicial. Chivu era el gran objetivo para apuntalar la zaga. De la noche a la mañana, una operación que se iba muy por encima de los veinte millones de euros se rompió por una comisión de tres. Y llegó Pepe, por el que se pagaron treinta millones. Drenthe cuajó cuando eran más que evidentes las carencias por la banda izquierda. Con Sneijder el club tuvo que rascarse el bolsillo después de que fallasen las tentativas por fichar a Kaká, Cesc y Ballack. Y Robben, el más reclamado por Schuster, sigue esperando y desesperando.
No hace mucho tiempo, Menotti sentenciaba que la selección española no sabía si quería ser toro o torero. El Madrid sabe que quiere el balón. Pero le cuesta recuperarlo y no tiene claro qué hacer con él.
Desequilibrios
El Real Madrid que se ha visto en agosto es un equipo que encaja goles con facilidad y se pierde camino del área rival, sobre todo cuando explora las bandas. Hay overbooking en la columna vertebral y faltan jugadores específicos para los costados, sobre todo en la derecha. Drenthe por la izquierda y el canterano Balboa por el otro lado son los únicos habituados a moverse por delante del lateral y servir balones al corazón del área.
Sin estrellas
El afán por acabar con la etapa de los galácticos ha dejado al conjunto merengue sin estrellas. Si acaso, Casillas, Sergio Ramos y Van Nistelrooy son los nombres más reconocibles. Los nuevos tienen más de emergentes que de referentes.
Schuster no transmite
El técnico alemán lleva un mes en el banquillo blanco y parece como si fuesen años. Sus mensajes, lejos de transmitir optimismo invitan a la preocupación. Quejarse de los arbitrajes no es muy propio del Real Madrid. Y decir que con los mimbres que están a su disposición no hay mucho margen de maniobra suena más a excusa que a argumento.