Un gol de Frederic Kanouté dio al equipo andaluz la Copa del Rey, su tercer trofeo de la temporada después de la Supercopa europea y la UEFA
24 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Un gol de Kanouté, quizá el último que marque para los andaluces porque quiere volver a la Premier League , permitió al Sevilla cerrar un año mágico con la conquista de la Copa del Rey, la cuarta de su historia y la primera en casi 60 años. El Getafe se comportó como un digno rival, plantó cara hasta el final a su rival, pero acusó los nervios del novato, la presión de la final, su falta de pegada y un árbitro que benefició al grande al tragarse un claro penalti sobre Manu en el último suspiro de la primera parte. El delantero de Malí, que acabó expulsado porque seguramente Rodríguez Santiago no sabía cómo compensar su error, resolvió un duelo que no respondió a las expectativas porque tuvo más tensión que juego. Kanouté volvió a ser un tesoro para el Sevilla, igual que cuando marcó en la final de la UEFA de Eindhoven, en la Supercopa de Europa contra el Barça y en el segundo título europeo frente al Espanyol. Por sus goles y porque es el faro que sirve como guía, la referencia que todos buscan cuando se ven en dificultades, fue el hombre de la final. Su gol se convirtió en un diamante que guardaron los hispalenses, agotados física y mentalmente, pero con el oficio necesario para coronarse. Le duró poco la intensidad, pero el Sevilla salió a toda mecha, en plan intimidador. No esperó ni un segundo para agarrar el balón y arrinconar a un rival advenedizo. Sin embargo, la primera gran ocasión la tuvo el Getafe en un contragolpe. Casquero vio un desmarque de Güiza a la espalda de la defensa y le dio un pase extraordinario, pero el delantero falló ante un Palop inmenso. Güiza falla Casi en la jugada siguiente marcaron los de Juande. Un error pueril de Pulido, quien no supo si controlar o despejar y al final se hizo un lío, una poderosa zancada de Kanouté y una definición soberbia. A diferencia de Güiza, el africano se dejó de regates y la cruzó sin remisión. También Luis García salió con mucha más timidez que el portero valenciano. Ante un Getafe asustado, muy diferente a ese equipo que toca mucho y bien en el centro del campo, el Sevilla no supo jugar con grandeza. En lugar de mover el balón, practicó un fútbol demasiado frontal y de mucho más desgaste. Y cuando buscó la cal, utilizó más a Puerta que a Dani Alves y Navas, en teoría muy superiores a sus defensores. Así, a excepción de un cabezazo al alimón de Luis Fabiano y Kanouté, que se estorbaron con toda la portería para ellos, apenas inquietó en el resto del período inicial. En el último minuto de la primera parte llegó la polémica. Renato se distrae en el área, derriba a Manu y, Rodríguez Santiago decide no pitar penalti. Tercera acción determinante y, de nuevo, favorable a los andaluces. Juande debió abroncar a su gente en el descanso y, al poco de reanudarse el choque, sentó al indolente Luis Fabiano y apostó por el mayor trabajo del ruso Kerzhakov. Ante un equipo fuera de sí, el Sevilla se mostraba incapaz de controlar la situación. No caía en provocaciones, pero tampoco daba tres pases seguidos. Brazos y codos a destiempo, pataditas por doquier, bastante teatro y un árbitro que, quizá porque temía haberse equivocado en ese penalti, ya perdonaba en exceso a los de Schuster. Con el partido descontrolado, más tensión que fútbol y un Sevilla cansado se llegó al pitido final.