Un gol de Essien en el suspiro final dejó fuera al conjunto español.
11 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.El fútbol español verá las semifinales de la Champions por televisión; el Valencia, último superviviente, luchó hasta la extenuación, hizo todo bien mientras le aguantó el físico en un duelo dramático, pero acabó muerto de agotamiento ante un Chelsea más poderoso. Que los londinenses, el Liverpool y el Manchester aparezcan en el esprint final no es casualidad. La Premier League está a por encima del resto de competiciones europeas. Es la primera vez que los valencianos hincan la rodilla en casa ante un rival inglés en 40 años, pero los de Stamford Bridge se merecieron pasar. Dieron la vuelta al partido, dominaron la segunda parte y vencieron en el último instante, cuando los valencianos se agarraban a las cuerdas, a la prórroga y, si había milagro, a los penaltis. Quique apostó por Morientes. Se había luxado el hombro en el reciente España-Islandia, no estaba en plenitud, pero el extremeño es un valor seguro en la Liga de Campeones, un torneo que le trae suerte y que ha ganado en cuatro ocasiones, tres con el Real Madrid y una con el Liverpool, aunque no llegó a disputar ningún partido con los reds . Marcó, pero sólo aguantó una hora. El segundo punto en el plan del técnico local se cumplió a rajatabla. Una salida fuerte, muy osada, para demostrar a los ingleses que el Valencia no sólo iba a defender el valioso 1-1 de la ida. Con los de Mourinho nerviosos, fuera de sitio, los locales retrasaron sus líneas pero sin arrugarse, marcando su territorio. Las consignas eran evidentes: presión, orden y máximo provecho del factor campo. Ayala, que tiró de brazo y experiencia para frenar el ímpetu de Drogba, y Albelda, que dejó una pierna suelta a Ballack, mostraron sus armas. Según el guión, otro aspecto básico para salir victorioso de la batalla era rentabilizar las ocasiones y marcar primero. Cuando el Chelsea comenzaba a sentirse más feliz, llegaron tres zarpazos con la firma de Morientes. En el primero, tras jugada de Villa, el ariete hizo temblar el poste con su zurdazo desde la frontal. En el segundo, tras un centro de Joaquín, la cruzó de maravilla con la zurda, tirándose al borde del área pequeña. Y en el tercero, Ashley Cole evitó otro gol. Cañizares sacó una mano prodigiosa en el único remate con peligro del Chelsea en el primer tiempo. Mourinho, indignado ante lo que veía, se fue al vestuario antes de que llegara el descanso. No esperó más y movió ficha. Quitó a Diarra, un lateral, e introdujo a Joe Cole, un jugador con desborde. Todo había salido a pedir de boca pero empezaba otra historia, un nuevo partido. Y el Valencia había hecho más desgaste y estaba mucho más justo. El Chelsea salió a tumba abierta. En un despiste, Shevchenko, inédito hasta entonces, igualó el choque. Mestalla enmudeció y el Chelsea ejerció de equipo campeón. Morientes, roto por el esfuerzo, dejó su puesto a Angulo, Del Horno no podía más, Albiol caía lesionado... Todos los balones divididos y los rechaces se los llevaba el Chelsea. La noche pintaba mal. Cañizares se lucía ante Ballack. Con la lengua fuera, el Valencia soñaba con la prórroga. Pero en el último suspiro llegó la internada de Essien y el único fallo de Cañizares.